miércoles, 22 de marzo de 2017

Entrevista capotiana a Alfredo Rodríguez

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Alfredo Rodríguez.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Sin duda un lugar en el Mediterráneo. Ibiza, por ejemplo. Sí, viviría siempre en una buena casa del Dalt Vila con vistas al puerto.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. No soy mucho de animales.
¿Es usted cruel?
Pues creo que no.
¿Tiene muchos amigos?
No. Pocos. Y con los años cada vez menos. Mi padre solía decirme: ‘Amistad con todo el mundo, confianza con nadie’.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Fundamentalmente que respeten a quien piensa de forma diferente.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Alguna vez. Pero no recuerdo nada especialmente grave.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí, eso sí. No sé mentir. Se me nota enseguida.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Oscuridad, música de adagios venecianos de fondo, un flexo y un libro que me emocione.
¿Qué le da más miedo?
El dolor, la enfermedad.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La ignorancia que se regodea en sí misma y se mofa de la Cultura.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Seguramente un triste abogado.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Trekking y chi-kung, si es que esto último puede considerarse ejercicio físico.
¿Sabe cocinar?
No, nada de nada. Hago la compra, pongo la mesa y la recojo, friego baños, hago camas, pongo lavadoras, tiendo y recojo. Pero nada de planchar ni de cocinar.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Sin duda, al poeta José María Álvarez.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Vacuna contra el cáncer.
¿Y la más peligrosa?
Ignorancia unida a Poder.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Matar no, hombre, pero dar un par de collejas sí, muchas veces.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Buff… eso no se lo cuento ni a mi mujer.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Sin duda, un cantante de rock (de rock del bueno).
¿Cuáles son sus vicios principales?
La cerveza. De todas las marcas, aunque últimamente me ha dado por las alemanas.
¿Y sus virtudes?
Pues no sé, nunca lo había pensado. ¿La constancia?, ¿el orden?, ¿eso son virtudes?
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
La cara de mi hijo.

T. M.

lunes, 20 de marzo de 2017

Publicación de "La soledad del tirador", en El Desvelo Ediciones. Hoy ya en librerías

Hoy ve la luz mi novela La soledad del tirador (El Desvelo Ediciones), en una edición espléndida, en su formato y diseño, con una portada maravillosamente creativa e ingeniosa. Ese balón que se ha mondado cual naranja es en realidad la forma en que se desgarra la historia que hay detrás. Es el desgarro con el que escribí ese texto entre los años 2000 y 2002, el desgarro que aún he sentido al releer y preparar el texto sobre mi infancia y adolescencia proyectadas en un personaje que, como yo, jugaba al baloncesto en cierto barrio barcelonés y alguna vez sintió lo que expresa el título en mitad de un partido, mientras en el partido de la vida eso sucedía demasiadas veces.

Nota de prensa:

La soledad del tirador es la nueva obra del novelista, ensayista y crítico Toni Montesinos, que se pondrá a la venta el 20 de marzo en toda España. Ambientada en la Barcelona de los años ochenta, un joven rememora su dura vida en aquellos tiempos, en un barrio periférico, de clase social baja, con la familia escindida y en medio de una sociedad en plena transición política, económica y cultural. Su pasión, el baloncesto, es el telón de fondo de una historia que abarca el instituto, donde no le es posible adaptarse, el hogar desolado y el club deportivo lleno de retos y limitaciones. La soledad del tirador habla de la rabia de nacer en el peor lugar en el peor momento; habla de la injusticia de que nadie nos conceda una oportunidad; habla de la crueldad de quien se regocija en situarse por encima de uno por el simple hecho de pisotear sueños ajenos.

Como ha escrito el crítico de La Razón Jesús Ferrer, «Toni Montesinos nos acerca con esta novela a las expectativas, frustradas e ilusionantes a la vez, de un joven en un suburbial barrio barcelonés de los años ochenta. Con un deprimido entorno social, una desestructurada familia y unas pésimas perspectivas profesionales, nuestro protagonista encuentra en el baloncesto y su habilidad como encestador –el tirador del título– la vía de escape a su opresiva realidad exterior. El libro es el relato introspectivo de una accidentada educación sentimental poblada de inalcanzables muchachas, violentos retos entre compañeros, anheladas y confortables formas de vida deportiva estadounidense, o la deseada vocación cultural emancipadora. Desde la mirada de un presente adulto, el narrador, implicado y distante a la vez, experimenta una soledad íntima y también generacional, dura y aislada en inhóspitas periferias urbanas.»

Para más información y/o solicitud de entrevistas: El Desvelo Ediciones
www.eldesvelo.com | info@eldesvelo.com | +34 667 666 836

domingo, 19 de marzo de 2017

Entrevista capotiana a María Oruña

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de María Oruña.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Si es una cárcel, no puede ser un paraíso, pero en general me vale cualquier sitio que tenga verde y mar.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. Con ambas especies me llevo bien.
¿Es usted cruel?
No.
¿Tiene muchos amigos?
No.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Lealtad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Mis expectativas en relación a las personas son limitadas.
¿Es usted una persona sincera? 
En general, sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Viajando, explorando, leyendo, estando con mi familia y mis amigos.
¿Qué le da más miedo?
Los radicalismos, especialmente los religiosos.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Hay muchas cosas que me horrorizan, pero que me escandalicen creo que pocas o ninguna.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
No sé; he sido abogada, profesora, camarera…en otra vida me veo como guía turística de castillos o algo vinculado a la Historia.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Muy poco, pero estoy en ello: ¡he instalado un gimnasio en el garaje!
¿Sabe cocinar?
Sí. Aunque advierto que mi familia puede contradecir esta afirmación.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
No me resultaría fácil escoger. Me hubiese gustado escribir la biografía novelada sobre Inés Suárez tan bien como lo hizo Isabel Allende con su «Inés del alma mía».
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Niño.
¿Y la más peligrosa?
Vaya preguntitas… ¿aniquilación?
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Todavía no. Quizás cuando termine este cuestionario.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Izquierdas. Aunque ahora ya casi me parece todo lo mismo.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Rica.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Por la pregunta se sobreentiende que tengo muchos... Entre los confesables se encuentran gastar irreverentemente en libros y en viajes.
¿Y sus virtudes?
Con mis actos intento no perjudicar nunca a nadie. Por lo demás, no me considero especialmente virtuosa.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Un chaleco salvavidas, la tabla de Rose en Titanic, el pescador de Hemingway de «El viejo y el mar» y cualquier maniobra que me permitiese un rayo de esperanza.

T. M.

sábado, 18 de marzo de 2017

Una pista sobre lo que vendrá...

El autor, oscuro de espaldas al Oracle Arena, 
Oakland, California, estas navidades

Dentro de dos días se hará manifiesto un deseo muy profundo ya convertido en realidad, una publicación que tiene que ver en cierta forma con esta foto. Una imagen que no obstante está en los antípodas de una historia que, como verá el lector, tiene a un protagonista que ni en sueños podía haber pensado que algo así se convirtiera en algo posible alguna vez en su vida.

viernes, 17 de marzo de 2017

Entrevista capotiana a Javier Sáez de Ibarra

En 1972, Truman Capote (1924-1984) publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama 1999), y en él el escritor estadounidense se entrevistaba a sí mismo con especial astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Javier Sáez de Ibarra.

Si tuviera que vivir en un lugar sin salir nunca de él, ¿cuál elegiría?
Algún lugar cálido con mar y montaña. Almería, por ejemplo.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. Me desagradan los animales domésticos. Y detesto a los que prefieren los animales a las personas.
¿Es usted cruel?
Nunca.
¿Tiene muchos amigos?
No sabría decir si son muchos. Aunque no puedo verlos tanto como quisiera, y a veces ni llamarlos. Pero me siento querido y acompañado por muchas personas por las que siento gran cariño. 
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Verdaderamente no las “busco”; pero sintonizo enseguida con personas sencillas, inteligentes y a las que les gusta conversar.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Acaso, si alguna vez no he tenido lo que esperaba, he sabido aceptarlo, esperar o seguir adelante. 
¿Es usted una persona sincera?
Por lo general, no hablo mucho de mí mismo; suelo escuchar. Cuando cumplí cincuenta años me hice, medio en serio, el propósito de “no mentir”.  Luego, el miedo a herir me cohíbe algunas veces, aunque busco las fórmulas. Sin embargo, creo que la experiencia de comunicarse profunda y sinceramente con un amigo es de las cosas más emocionantes que pueden vivirse.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Escribir, estudiar, encontrarme con amigos, leer, ver cine.
¿Qué le da más miedo?
Desde luego, el sufrimiento de las personas que más quiero. En cuanto a mí, la infelicidad y el extravío.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
No siento algo así. Más bien, indignación y pena por la injusticia y el sufrimiento de los pobres; repulsa por los ricos, los poderosos y sus marionetas: los políticos y los periodistas; aburrimiento por la mediocridad intelectual y, en particular, por el gregarismo, el inmovilismo y la cortedad de los profesionales de la enseñanza. 
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? 
Yo soy creativo, es mi identidad y ni siquiera lo he elegido; si no lo fuera, no sería yo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Fui un excelente corredor de fondo en mi juventud. Y adoraba el fútbol. Ahora las rodillas ya no me dejan correr (aparte de que tengo poco tiempo para echarme unas caminatas). En un momento dado, comprendí que el deporte ya no formaría parte de mi vida.   
¿Sabe cocinar?
No. Pero hago la comida.
Si el Reader´s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre un “personaje inolvidable”, ¿a quién elegiría?
Dejando de lado que esa revista me censuraría, yo escribiría sobre Charles Chaplin. En mi opinión, es el creador más importante del siglo XX; el humor, la inteligencia, la denuncia, la emoción, la compasión que irradian sus películas sirvieron de revulsivo en su tiempo –de ahí las prohibiciones que sufrieron– y siguen siendo deslumbrantes para nosotros.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más cargada de esperanza?
“Dios”. En la medida en que, por más que su nombre es continuamente profanado, aun por los que creen en él, es siempre el inalcanzable, el indisponible, el que continúa esperando.
¿Y la más peligrosa?
“Dinero”. Otro dios, por el que son sacrificados miles de seres humanos cada día.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No. La repugnancia que he sentido por los grandes políticos y personalidades económicas e intelectuales orgánicos de mi país, por ejemplo, se mitigaba al ver que otros venían a sustituirlos.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Estoy a favor de que cada trabajador, sea de la cualificación que sea, pueda mantener con su sueldo a una familia de cuatro personas. Estoy a favor de la movilidad sin restricciones de cualquier ser humano por la faz de la tierra. Estoy a favor de que el Estado-la Sociedad garantice la vida, la salud, la vivienda, la educación, el medio ambiente, la cultura y, en su caso, el trabajo de cualquier persona. Para mí son opciones éticas irrenunciables. También sé que este programa es posible realizarlo hoy mismo puesto que hay en el mundo ya riqueza suficiente. Mis opciones políticas, en consecuencia, se definen así: estoy a favor de las fuerzas que realmente buscan esto y en contra de las que quieren evitarlo, perpetuando la desigualdad y el sufrimiento en su propio beneficio.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Estoy contento de escribir. Pero me hubiera fascinado ser músico: compositor e intérprete. La felicidad de tocar en una pequeña banda de jazz o en un cuarteto, con unos amigos, debe de ser una experiencia maravillosa.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Perder el tiempo siguiendo el fútbol. El desorden. El descuido. La impaciencia. Mi estupidez.
¿Y sus virtudes?
La inventiva. El humor. La constancia. El deseo de prestar ayuda.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mi ingenuidad, el atletismo, la comuna cristiana en que anduve de joven, sufrimientos amorosos, la cara de mi mujer, mi hija, los libros publicados, mis padres, el temor de no haber respondido bien a mi vida, algunos amigos, otra vez mi mujer y mi hija, el amor.
T. M. 

jueves, 16 de marzo de 2017

La oficina del mar


Setenta poemas es toda su obra, y ni siquiera tomaron forma de libro publicado en vida, pero con ellos Domingo Rivero (Arucas, Gran Canaria, 1852-Las Palmas de Gran Canaria, 1929) alcanzó la maestría literaria, sobre todo con uno de los sonetos más perfectos de la literatura moderna española, “Yo a mi cuerpo”. Con este título precisamente se publicó en 2006 su “mínimo e inmenso puñado de versos memorables, como dijo en su día José Luis García Martín, en la editorial Acantilado, con la presentación de uno de sus admiradores, Francisco Brines, que dejó dicho: «Estamos ante un poeta de tanta honestidad como modestia, y todo sabe en él a veraz. Se despierta en el lector entonces un natural y cálido acercamiento. Y eso es lo que todo poeta auténtico desearía que le pudiera suceder».

La autenticidad sincera de Rivero se perfila diáfana gracias a este pequeño estudio de Antonio Puente, «De una poética de la escisión. Domingo Rivero, en la “oficina del mar”», en el que el poeta y ensayista canario estudia la relevancia de la poesía de este hombre de tan singular andadura literaria, pues hasta los cuarenta y siete años no empezó a escribir versos, y éstos aparecieron en revistas sin ni siquiera su consentimiento expreso. Por eso Puente lo llama un Rimbaud al revés y lo califica de “poeta enigmático; poeta sin biografía; poeta de la escisión; poeta de la sombra; poeta de la humildad”. Nacido en el seno de una familia burguesa, estudiante en Londres de 1870 a 1873, y el resto de la década en Sevilla y Madrid, Rivero llegó a conocer a Unamuno, que visitó las islas en 1910 y alabó el citado soneto.

Más adelante, autores insignes de diversas generaciones, desde Dámaso Alonso hasta Eugenio Padorno, que compiló su obra en los años noventa, mantuvieron a Rivero como un poeta de culto del que apenas se asoma un pedazo de autobiografía en estos versos: "Mi oficina da al mar. Desde la silla / donde hace treinta años que trabajo / las olas siento en la cercana orilla / de las ventanas resonar debajo".

Publicado en La Razón, 16-III-2017

miércoles, 15 de marzo de 2017

Entrevista capotiana a Cecilia Quílez

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Cecilia Quílez.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Existe un lugar que corregí legítimamente y en defensa propia dentro de mi  memoria en el periodo donde muchas personas han vivido sus momentos más felices. Me refiero a la infancia. Tanto es así,  que aún no he podido saber dónde está, estoy en ello. Prometo darle las coordenadas cuando lo encuentre.
¿Prefiere los animales a la gente?
Los animales, sin duda alguna. Hay un motivo sencillo que lo explica y es porque son los que de verdad nos dan lecciones de vida. Jamás nos dejarían solos en esas enseñanzas y ni mucho menos pasarnos una minuta.
¿Es usted cruel?
No, no tengo esa alteración genética que es exclusiva de los humanos. Tengo otros defectos que ya los he ido confesando en otras entrevistas y en algunos escritos.
¿Tiene muchos amigos?
Sí, no tantos animales como una quisiera y algún que otro humano que puedo sumar fácilmente.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Sabiduría emocional, lealtad, paciencia, sentido del humor y sobre todo de la justicia sin espavientos, es decir, con la cabeza bien armada y lo suficientemente fría como para que no dude la razón.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Cuando eluden sus propias imperfecciones o actos donde un poco de humildad podría hacerlos mejor, exactamente lo mismo que me podría pasar a mí con ellos. O si mercadean con nuestra buena disposición y/o posición en determinados asuntos para alcanzar sus propios objetivos. En realidad es más decepcionante comprobar que la codicia no conoce límites.  Los desleales al menos no los tienen y lo que es peor, la mayoría hasta lo ignoran. Mis perros, por el contrario, nunca me han fallado.
¿Es usted una persona sincera? 
Sí, no me cuesta nada de esfuerzo el que se me note. Por eso cuido que mis opiniones sean lo suficientemente claras y que no ofendan a nadie, a no ser por un hecho probado inaceptable que entiendo debe denunciarse a riesgo de mayores perjuicios para otros. Algunos confunden la franqueza con el descaro, pero me da pereza no darles la razón. Claro que si no la tengo, serán esos amigos que mencionaba antes los que me hagan ver que estoy equivocada. 
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Encontrándome con la libertad de hacer cualquier cosa que me distraiga. La expresión “tiempo libre” me parece un pozo demasiado profundo, casi una advertencia para recordarnos que somos esclavos por no poseerlo, precisamente. Hace un año un amigo me dio unos pimientos de su jardín y se me ocurrió plantar las semillas en un tiesto que tenía vacío (tengo muchos, las plantas nunca consideraron mis cuidados con la misma generosidad que se la devuelve a otros). El caso es que esta primavera ya han salido seis, pero llevo todo este tiempo arrancando hojitas y pulgones y pasando las horas contemplando este prodigio que para mí lo es más por esto que le digo de mi inutilidad con la hermana naturaleza. Sin embargo los tomates no han logrado superar el invierno. También tengo un madroño y una camelia que, de momento, no me están dando ese disgusto.
¿Qué le da más miedo?
Perderme momentos importantes de la gente que aprecio. Hablar del miedo. Despertar y no recordar nada. A veces despertar y recordar demasiado.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Que haya líderes con un nivel alto de disturbio cerebral dirigiendo el mundo. La maldad en cualquiera de sus acepciones, su legislación consentida en los derechos fundamentales, tanto los humano como los de los animales y la naturaleza. El uso del  poder en ese mundo donde hemos tenido la misma posibilidad de nacer y que es, por otra parte, el más alto privilegio para cualquiera. La corrupción, el sabotaje y la excelencia a la mediocridad en todos los terrenos públicos y privados, incluso en el literario. Este último no debería escandalizarme, pero siento un bochorno espantoso que creo conveniente mencionar porque los lectores son ajenos a estas desagradables cuestiones, pero sí manipulables, que es al fin y al cabo el inicio de una oscura maraña de intereses bien orquestados.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
No sé, no se me ocurre otra. Tendría que nacer de nuevo y en otro contexto pero admiro profundamente a otros con habilidades humanas o artísticas excepcionales y me siento muy agradecida por ello, por ser parte observadora en el mismo tiempo real. 
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Voy a un gimnasio regularmente. Me viene bien para que no se me atrofien el cuerpo y la mente.
¿Sabe cocinar?
Sí, además disfruto haciéndolo. Pero también me gusta que cocinen para mí o salir fuera de casa a un restaurante (con que tengan buena materia prima me basta, da igual que sea un cinco tenedores que uno con una cuchara de palo).
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Marie Curie, Leonardo da Vinci o mi abuela misma, por ejemplo. Aún estoy descubriendo cosas de ellos. De los primeros ya se ha escrito (nunca lo suficiente, sobre todo en el caso de personajes femeninos relegados históricamente al segundo plano), así que honestamente, no creo que al Reader's Digest le interesara otro reportaje más.  Podría escribir algún día sobre mi abuela materna. Si me lo piden ellos, mejor. Si no, también.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Infancia, ahí cabrían todos los futuros cimentados desde la igualdad y la pureza.
¿Y la más peligrosa?
Esa tiene muchas esquinas, aunque no quepan tantos dueños en el olvido o el odio.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Nunca, pero sí me he preguntado porque no podríamos cambiar un solo día de algunas personas y ponerlas en el lugar de las que sufren sin que sepan que podrán volver a su vida (y que ojalá en esa reflexión debería ser ya la misma). Debo aclarar, no obstante, que siempre he pensado que ni la justicia tiene el derecho de aplicar la pena de muerte de la misma forma que no debería errar en sus propias leyes. Y está claro que las leyes no son absolutas y que requieren un cambio en sí mismas por y para el pueblo de este siglo. Tampoco llego alcanzar que en esta época que pretende sensatez entre el desarrollo y la razón, no se legisle de una vez la eutanasia como forma de ahorrar un vía crucis innecesario. 
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Me sorprende que Truman Capote necesitara contestarse a esta pregunta. En estas cuestiones  nos empuja la coherencia hacia donde no cabe ninguna duda por cómo pensamos y actuamos consecuentemente dentro de nuestras posibilidades de ser mejor. Yo creo en el progreso, la justicia y la igualdad. Esta es mi propia política y revolución que desearía fueran en consonancia con esas leyes de las que hablo. La bondad debería ser una opción de ineludible exigencia por los ciudadanos que decidimos quienes nos gobiernan.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
La misma pero con un nivel adquisitivo lo suficientemente holgado para no quejarme tanto de otras obligaciones que me restan  dedicación exclusiva a lo que me gusta hacer pero por las cuales me pagan para seguir haciéndolas.  Ya ve que insisto igualmente cuando me pregunta qué hubiera querido ser en vez de dedicarme a la creación literaria. Me ha tocado esta vida y ya empiezo a estar un poco cansada de renegarme a mí misma, así que procuro ahora disfrutar de lo que me acarrea esta condición. Tengo que aceptar que es un privilegio, a pesar de los pocos beneficios que puede aportar a la mayoría de los que estamos en esta circo de vanidades.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Hablar demasiado.
¿Y sus virtudes?
Hablar demasiado claro.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Pero es que no me estoy ahogando. Imagine que se lo pregunta a un pez, a lo mejor pensaríamos lo mismo: respirar.

T. M.

martes, 14 de marzo de 2017

Gloria Fuertes, más allá de la niñez


El próximo 17 de julio se cumplirá el centenario del nacimiento de Gloria Fuertes, para siempre asociada a la poesía pensada, escrita y recitada para los niños. Lo que está grabado en su lápida –murió en 1998 por un cáncer de pulmón– pondrá al lector no familiarizado con esta poeta tan popular gracias a la televisión en los años setenta sobre la pista de alguien para quien las letras lo fueron todo: “Poeta de Guardia. Ya creo que lo he dicho todo. Y que ya todo lo amé”. Y su amor en público principal fueron los niños, y aún hoy lo sigue siendo mediante la Fundación Gloria Fuertes, que cuida una obra que va mucho más allá de los libros infantiles y que incentiva tanto la literatura entre los más pequeños como el apoyo a los poetas jóvenes. Precisamente, la Fundación está preparando una serie de actos a lo largo del año que desembocarán en la Feria del Libro de Madrid.

Ahora varios libros nos acercan a sus versos, así como a su trayectoria vital. La editorial Reservoir Books publica “Me crece la barba. Poemas para mayores y menores”, una antología al cuidado de Paloma Porpetta, presidenta de la fundación y albacea de su legado, que mezcla sus piezas para niños y adultos, pues en muchas ocasiones el tono y el estilo no diferían demasiado. Y es que, como dejó dicho en el prólogo de “Isla ignorada”, su primer poemario: «Mi poesía está aquí, como nació –sin ningún ropaje de retórica–, des­calza, desnuda, rebelde, sin disfraz. Mi poesía recuerda y se parece a mí». La crítica, desde luego, ha estado de acuerdo, y además hay que decir que Fuertes ha sido integrada en las principales antologías de poesía española del siglo XX, sin que su orientación hacia la literatura infantil la perjudicara. 

Versos desde el corazón

Por ejemplo, El estudioso José Paulino Ayuso, en una selección de lo mejor de nuestra poesía del periodo 1940-1980, habló de su obra en estos términos: “Su poesía tiene un carácter biográfico, coloquial, de expresión directa y, a la vez, concentrada y humorística”. Fuertes recogería ampliamente parte de su producción en “Historia de Gloria (Amor, humor y desamor)” (1980), que mostraba lo mejor de sus libros más importantes: el que significó su debut, en 1950, más “Aconsejo beber hilo” (1954), “Antología y poemas del suburbio” (1954), “Todo asusta” (1958), “Que estás en la tierra” (1962) o “Poeta de guardia” (1980). Es más, incluso la poeta aparecería en el emblemático “Poesía social”, de Leopoldo de Luis, que en 1965 agrupó la obra poética española de posguerra que buscaba “fundirse con la situación real de las gentes de su tiempo”. Ella misma decía no saber si su poesía era “social, mística, rebelde, triste, graciosa o qué”, pero algo tenía claro: que estaba destinada a la Humanidad para emocionarse, hallar consuelo o alegrarse, que estaba escrita con amor y desde el corazón.

En todo caso, para quien quiera tener un vistazo general de su prolífica obra, ahora dispone de “Geografía humana y otros poemas” (Nórdica Libros), con ilustraciones de Noemí Villamuza y prólogo de un viejo amigo suyo, Luis Antonio de Villena, que habla de cómo «pocos poetas modernos han sido tan leídos y populares como Gloria Fuertes –que llegó a ser hasta personaje de sketches cómicos–, pero pocos poetas también tan incomprendidos, en un afán malo y torpe de que la sabia facilidad le restara prestigio». El libro además se completa con el poema de otro amigo, José Hierro, dedicado a ella: «Hablo con Gloria Fuertes frente al Washington Bridge». Otros grandes de la literatura como Camilo José Cela o José Manuel Caballero Bonald se encontrarían entre sus más fervientes admiradores.

La tercera gran novedad es “El libro de Gloria Fuertes” (Blackie Books), que en edición de Jorge de Cascante nos acerca la vida y la obra de la autora nacida en Lavapiés de manera ciertamente variada: con más de trescientos poemas, algunos de ellos inéditos, ochenta fotografías, doce dibujos hechos por la propia Fuertes y un completo relato biográfico, a lo que se añaden materiales diversos como recortes de prensa, páginas de sus cuadernos de notas e incluso un pequeño cómic, obra de Carmen Segovia, que recrea su paso como profesora universitaria en Estados Unidos. Un episodio de su vida poco conocido para el gran público, que la asociará sobre todo a sus intervenciones en programas de TVE tan populares como “Un globo, dos globos, tres globos” y “La cometa blanca”.

Efectivamente, en 1961 recibiría una beca Fulbright para enseñar durante tres cursos literatura española en la Universidad de Bucknell (Pennsylvania). Como dijo ella misma, la primera vez que entró en la universidad fue para dar clases. Su origen modesto –cuarta de cinco hijos de un conserje y de una costurera que fallece cuando ella tiene quince años (dos años más tarde muere su hermano Angelino, atropellado)– y la necesidad de ponerse a trabajar muy joven en una fábrica como contable le impide forjarse una andadura académica, aunque a la vez que sigue trabajando en asuntos administrativos podrá estudiar biblioteconomía y colocarse en una biblioteca pública. En paralelo, su pulsión poética nace con una fuerza ingobernable: sus primeros versos los escribe a los catorce años, y poco después hasta los lee en Radio España de Madrid. Al conocer a Carlos Edmundo de Ory, se une al grupo de los llamados postistas, con otros autores que serán muy importantes, como Ángel Crespo y Francisco Nieva, y en 1952 funda la revista “Arquero” con, entre otros, Antonio Gala.

Millonaria póstuma

Toda esta trayectoria “adulta”, no exenta de poemas duros en los que Fuertes lamentaba con gran dolor la soledad que por momentos sufrió de manera devastadora, contrasta con su imagen bienhumorada en la televisión y la radio hasta convertirse en una autora superventas, incluso fuera de España; es el caso de “Cangura para todo”, que en 1975 fue galardonado con el diploma de Honor del Premio Internacional de Literatura Infantil Hans Christian Andersen. Trajeada de forma masculina a menudo en sus apariciones públicas, a veces a bordo de una Vespa, muchos televidentes la recordarán con un inseparable cigarrillo y la voz ronca que la hizo ciertamente una diana fácil de parodias (la más célebre, la de Martes y Trece). 

En lo que respecta a su intimidad, tal vez sorprenda saber que Fuertes vivió en un piso de la Castellana de forma muy austera, siempre con una botella de whisky a mano, pero que dejó cien millones de pesetas a su muerte, que donó a La Ciudad de los Muchachos. De su vida más íntima, se dijo que tuvo amoríos muy joven con su vecino Miguel Gila, pero sus allegados en realidad conocían perfectamente su orientación homosexual. Fue la hispanista Phyllis Turnbull, que justamente le abriría las puertas para la beca americana, la gran compañera de su vida; estuvieron juntas unos quince años, hasta 1970, un año antes de su muerte. Como siempre, Fuertes buscó apaciguar el dolor mediante la poesía. Mucho tiempo atrás, había dicho en un poema cuya brevedad compone casi un aforismo, una declaración de intenciones que dentro de pocos meses cumple sus primeros cien años: “Me manifiesto en poesía / para tardar menos / en deciros más”.

Publicado en La Razón, 12-III-2017

lunes, 13 de marzo de 2017

Entrevista capotiana a Rocío Rubio

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Rocío Rubio.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi habitación. Eso sí, instalaría una nevera en el lugar que ocupa el armario. Total, no iba a poder salir…
¿Prefiere los animales a la gente?
Por si acaso, me quedo con la familia.
¿Es usted cruel?
Solo cuando escribo y expulso todos mis demonios.
¿Tiene muchos amigos?
Soy mujer de pocos amigos, pero los que tengo me duran toda la vida.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
La lealtad y la bondad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Prefiero no hacerme demasiadas expectativas. La puerta está abierta para quien desee entrar o salir. No retengo a nadie.
¿Es usted una persona sincera? 
Sobre todo cuando me enfado.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Escribir y pintar son mis dos grandes pasiones.
¿Qué le da más miedo?
La dependencia.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
El cinismo.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Cualquier camino que hubiera elegido habría desembocado en la escritura.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Nado y voy al gimnasio un par de veces a la semana.
¿Sabe cocinar?
Mi hermana dice que soy la reina de la sartén.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Charles Bukowski.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Futuro.
¿Y la más peligrosa?
Envidia.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No. Pero a mis personajes sí que se les ha podido ir la olla alguna vez.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Eso me gustaría a mí saber.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Tengo como referente a mi madre.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El chocolate negro con almendras y las barras de labios rojas.
¿Y sus virtudes?
La perseverancia. Lucho por lo que quiero hasta el límite de mis fuerzas.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Me lo estoy imaginando y me están dando unas ganas enormes de vivir intensamente, por lo que pueda pasar.

T. M.

domingo, 12 de marzo de 2017

Ensayo sobre Goethe en "Cuadernos Hispanoamericanos"


Tengo la placentera ocasión de publicar, en el último número de Cuadernos Hispanoamericanos (801, marzo del 2017), un ensayo titulado "Amistad, muerte y amor en Goethe" (págs. 120-131).

viernes, 10 de marzo de 2017

Entrevista capotiana a Vicente Marco

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Vicente Marco.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
El mundo. Y si el mundo no vale, España. Y si España no vale (que está dejando de valer), Valencia (que aún  está dejando de valer más, pero conservamos el clima), y si Valencia no vale, el pequeño cuarto de tres por dos donde escribo, que nunca me defrauda.
¿Prefiere los animales a la gente?
Depende de qué animales y de qué gente. Porque a veces hay animales que…
¿Es usted cruel?
Solo con mis personajes cuando se ponen impertinentes o melosos. ¡Ah!, y con mis alumnos de escritura creativa. Quizá también con ellos porque la crueldad forma parte del proceso creativo. 
¿Tiene muchos amigos?
Treinta y dos. Bueno, treinta y tres. Se me había olvidado mi hermano por aquello de ser de la familia. Pero es como un hermano para mí.  
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
No busco cualidades. Están bien como son.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Si me decepcionan es que no eran mis amigos.
¿Es usted una persona sincera? 
Solo en la entrevista capotiana.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Respondiendo entrevistas como esta.
¿Qué le da más miedo?
Aparte del alto precio que debemos pagar por estar vivos, como la amenaza constante de la muerte o la locura, o la muerte y las locuras de los demás, me dan miedo los equívocos. Porque soy un permanente sufridor de equívocos en el día a día y me atormentan. Uno de los más frecuentes es que me confundan con una señora mayor o con un gran escritor.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Por suerte, aún me escandaliza mucho la realidad.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Uf. No soy capaz de imaginarlo. Una vida creativa nada más y nada menos…
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
No demasiado. Pero siempre voy en bicicleta a todas partes porque odio el coche, los coches y a los conductores de coches.
¿Sabe cocinar?
A veces, muy pocas, cocino. Lo que no he conseguido aún es que alguien se coma lo que cocino.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Si fuera un personaje inolvidable real elegiría a mi madre, que fue en todo momento mi fuente de inspiración y sobre la que podría estar escribiendo artículos diarios hasta el final de mi vida. Si debiera elegir a un personaje inolvidable de ficción, lo escribiría también sobre mi madre por las razones expuestas en el párrafo anterior.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Yo creo que esa misma es buena: esperanza.
¿Y la más peligrosa?
Metástasis. Hay muchas más, por supuesto, que hacen referencia a la ignorancia, a la soberbia y a la prepotencia que provocan las grandes tragedias humanas, pero así de diario yo me quedo con metástasis.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Casi todos los días. Y muchos, mato. Pero esto no lo confesaré delante de un juez (aunque sea de ficción).
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
No me gusta la política. Creo que la política está sobrearchimegasupervalorada y en los últimos años se ha convertido en un circo mediático para aumentar  la audiencia televisiva. Esto no tiene nada que ver con la ausencia de compromiso social ni nada por el estilo.  
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Un gran escritor.
¿Cuáles son sus vicios principales?
No he conseguido encontrarme ningún vicio principal. Creo que son todos secundarios porque me permiten seguir disfrutando de la vida, de mi familia y de la escritura. Así que, qué más da. Quizá, por decir algo, mi vicio secundario más importante es no dar importancia a los vicios principales.
¿Y sus virtudes?
¡Oh! Virtudes… Pues… Virtudes. Diré solo dos: La duda, la inseguridad y la ignorancia, que consiguen confundirme hasta el punto de que a veces no soy capaz de contar  (números).
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Ya me ahogué una vez, de verdad, comiendo galletas hasta el atragantamiento. Así que puedo describir vívidamente las imágenes. La imagen para ser exacto. La imagen en la que poco a poco el aire se agota y empiezo a sufrir espasmos, la boca y los labios se tuercen, y enfrente, mi madre intenta reanimarme con torpeza antes de que yo me despida de ella con la mano, pierda el sentido y recobre la consciencia muchas horas más tarde en un hospital.

T. M.