sábado, 22 de julio de 2017

"El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau" en "El Cultural"

Verja con diseño de hojas, en el complejo de Google, Mountain View, California: otro tipo de savia, la que hace circular información infinita (cuales tejidos de conducción que llevan los nutrientes necesarios entre los distintos elementos de las plantas) por internet.

Hace diez días, El Cultural publicaba un artículo que, con el título de "La vida salvaje de Thoreau", se hacía eco de cinco libros relacionados con el autor de Walden que han aparecido estos meses. En el párrafo dedicado a El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau (editorial Ariel) se destaca su filosofía vitalista, se menciona cómo he estructurado el libro a partir de "varias facetas: sus relaciones, su escepticismo social, su relación consigo mismo y sus experiencias", y se transcriben unas palabras mías que resumirían su trayectoria.

viernes, 21 de julio de 2017

Entrevista capotiana a Claudio Valerio Gaetani

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Claudio Valerio Gaetani.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Probablemente Procida, una pequeña isla de 1 kilómetro cuadrado frente a las cosas de Nápoles  en Italia.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero la vida en general, me encantan los animales sea aquellos humanos sea aquellos de nuestra especie, considero que el contacto con seres de diferentes especies siempre ha sido algo altamente reconfortante, amar a los seres vivientes y hacer placer de ello es una parte importante el desarrollo de nuestra conciencia.
¿Es usted cruel?
Todos somos crueles, en algunos momentos de nuestra vida, probablemente la conciencia de esto es algo que nos permite no serlo siempre, pero si lo debo definir, no soy cruel por antonomasia, solo en algunas circunstancias, la bondad humana nace también de la crueldad humana.
¿Tiene muchos amigos?
Una pregunta difícil, dicen que el ser humano tiene una limitada capacidad de tener amigos, es como un pequeño álbum de fotos, para poner una nueva, debes sacar una vieja, los amigos, de verdad, no sé si se pueden contar con los dedos de una mano, pero si, me siento amigo de muchas personas aunque si no siento a muchas personas como tales. Muchas personas dicen de ser mis amigos, conozco mucha, tanta gente, pero son limitados aquellos a los cuales llamo amigos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
No busco cualidades en las personas, ni en los amigos, simplemente tiendo a aceptar a las personas como son sin desear cambiarles nada más bien aceptar sus deficiencias y bondades, creo que la amistad se da aceptando que nos la den a modo de cada quién.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No esperando nada generalmente de las personas que frecuento, tiendo a no decepcionarme más de lo necesario, simplemente dejo ir a su modo cada quién construye su destino y no está a nosotros juzgar el modo en el cual lo hacen.
¿Es usted una persona sincera? 
A veces demasiado, decidí hace casi diez años de no decir lo que la gente quiere escuchar, mas bien lo que pienso, aunque si esto en la mayoría de los casos fastidia a las personas, me considero una persona parca y extremadamente sincero.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Escribiendo y leyendo y en familia, generalmente lo paso escribiendo y leyendo, divido mi tiempo libre entre mi familia y la escritura y la lectura, considero que solo a partir de lo que se aprende de los demás que se puede crear.
¿Qué le da más miedo?
Perder la capacidad de manejar mi cerebro, creo la capacidad de cognición del mundo que nos circunda es la parte más hermosa de la existencia, perder ésta es lo que más terror me produce, perder la conciencia de mi mismo y dejar de saber que soy, dejar de pensar y aprender y vislumbrar el mundo con lo que hoy soy, sería la pesadilla más grande de todas.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
No me escandaliza nada, he tenido la fortuna de ver tantas cosas en mi vida que ya nada me sorprende en realidad, me puede agradar o disturbar, pero jamás escandalizar, creo que la capacidad de escandalizarse sea ligado a nuestra incapacidad de aceptar que las cosas pueden suceder.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Originariamente, de pequeño, quería ser veterinario, pero siempre estaba destinado a escribir, crecí en un ambiente de gente que escribía siempre, en medio a cultura y libros y el hecho de escribir no es solamente genético si no también ambiental. Ser escritor no fue algo que haya escogido, por el contrario fue algo natural por lo que no habría podido escoger nada más. A pesar de eso, me convertí en diseñador, el hecho de hacer arte es parte de mi esencia en todo sentido.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Camino, principalmente me gusta caminar, no uso medios de trasporte, no conozco las rutas y no tengo vehículo, para mis movimientos en la ciudad, a menos que no sea imprescindible, prefiero siempre caminar largas distancias dentro de la ciudad o en el campo.
¿Sabe cocinar?
Es mi tercer pasión, amo la cocina y podría decir amo alimentar a las personas, sea en modo gastronómico sea en el intelecto, me encanta experimentar, soy Chef  y amo la gastronomía.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Probablemente escribiría sobre un muchacho que conocí por casualidad en una carretera en Italia, Barnabas Bintam, originario del Ghana, atravesó el Burkina Fasu, El Mali, la Algeria y el Mediterráneo para llegar en Europa perdiendo dos hermanos y otras veintidós personas que lo acompañaban en esa travesía de esperanza, y al final, con cu trabajo llevó pozos de agua a las comunidades de sus compatriotas, y mantiene desde Europa con su trabajo de casi de esclavo moderno europeo a muchas de las familias de sus compañeros, aunque no fueron más que simples personas en busca de su destino.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Serendipia, un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta.
¿Y la más peligrosa?
Omertad. La ley del silencio, creo que sea lo peor que existe la Omertad, es el mal de nuestros tiempos, el callar a prescindir de lo que suceda, no denunciar no decir nada y hacerse de la vista gorda. “No hay nada mas peligroso de quién sabe y no hace nada por cambiar las cosas”.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Una sola vez tuve esa necesidad, encontrándome en un momento en el cual o era la mía o era la vida de alguien más. La muerte o la eliminación de algo o alguien no es jamás una solución.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Aunque si muy seguido tiendo a decir de que para girar a la izquierda doy tres vueltas a la derecha, mi posición política se basa sobre la tendencia a salvaguardar  nuestra creencia en Dios, la Patria y la Familia, no creo en las tendencias populistas ni en las tendencias de igualdad completa, cada quién se forja su destino pero debe respetar esos preceptos, Dios, Patria y Familia.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Sería la misma cosa rara que soy ahora, si pudiese cambiar algo en mi vida, en realidad cometería las mismas equivocaciones, los mismos errores y no cambiaría nada de mi existencia, al final de cuentas, como digo, apesta, pero es solamente mía.
¿Cuáles son sus vicios principales?
En realidad no tengo vicios, si pudiera definir vicio el teatro, creo que ese es mi vicio, solía fumar, pero fumo tabaco por que sí, si tengo fumo si no, no es un problema, o quizá mi vicio sea la comida, es mi platillo favorito.
¿Y sus virtudes?
Dar, creo que sea mi virtud y a la vez mi peor cualidad, creo que dar sea lo más importante, sin pretender de recibir.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Es probable que pensaría a la playa Saint-Laurent-sur-Mer, solitaria y terrible, no puedo aún recordar cuantas imágenes me vinieron a la mente estando ahí, pero sé que se repiten tantas veces en mis sueños y en mi pensamiento. No sé si recordaré a quienes he amado y perdido, sería algo que solo en ese momento podría responder. Existen demasiados recuerdos y vivencias como para saber qué sería lo que pasaría por mi mente.

T. M.

jueves, 20 de julio de 2017

"El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau" reseñado en "Devaneos"


La considerada como mejor universidad de Educación de los Estados Unidos, fundada en 1920. Tal vez a Thoreau le hubiera sorprendido (¿gratamente?) saber que una de sus asignaturas se llama «Desarrollo del adulto».


Francisco H. González hace un estupendo comentario sobre El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau (editorial Ariel) en una página web que, por lo que veo, cumplió el año pasado diez años, Devaneos, sobre todo dedicándose a reseñar obras firmadas por autores en lengua española. Le estoy muy agradecido por su atenta y elogiosa lectura.

miércoles, 19 de julio de 2017

Entrevista capotiana a María Zaragoza

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de María Zaragoza.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Creo que me quedaría con Madrid, que me ha tratado muy bien muchos años aunque ahora me haya alejado de ella. Es lo bastante grande para no sentir claustrofobia además.
¿Prefiere los animales a la gente?
A ratos y dependiendo del animal. Prefiero los gatos a la mayoría de la gente, dejémoslo así.
¿Es usted cruel?
Sólo cuando lo merecen muchísimo, porque tengo mucha paciencia.
¿Tiene muchos amigos?
Los suficientes, de mucha calidad.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
La lealtad, la honestidad, que sean brillantes en cosas que a mí me maravillen porque no me crea capaz de ellas, que no les importe ni el tiempo ni la distancia.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No, elijo bien. Pero cuando alguno me decepciona suele hacerlo definitivamente.
¿Es usted una persona sincera?
Prefiero honesta. Me parece una cualidad mejor que la sinceridad porque opino que la mentira tiene muy mala prensa, pero en ocasiones es necesaria para la convivencia.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leo, veo películas, voy a exposiciones si puedo, tomo vino cuando los demás toman cerveza, juego con mis gatos, a veces pinto, escaneo antiguos negativos fotográficos...
¿Qué le da más miedo?
El dolor.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Muchas cosas. La mala educación, la soberbia, la gente que se aprovecha de la buena voluntad de otros...
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Probablemente Historia del Arte, habría intentado aproximarme al mundo curatorial.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
¿Bailar cuenta?
¿Sabe cocinar?
Casi todo lo que no lleve tomate crudo.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Hedy Lamarr.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Futuro.
¿Y la más peligrosa?
Religión.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Creo que todos hemos planeado un asesinato perfecto, ¿no?
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Los políticos y sus tendencias tienden a decepcionarme más que los amigos. Todavía estoy esperando alguna tendencia que vele por mis intereses como ciudadana, mujer y persona dedicada a la cultura. No tengo muchas esperanzas de que ocurra.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Directora de cine.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Hablo demasiado, soy orgullosa, olvidadiza, tengo una lista de cosas que no perdono bajo ninguna circunstancia, soy desordenada y caótica...
¿Y sus virtudes?
Soy paciente y trabajadora sobre todo. 
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mi familia materna, mi pareja y mis gatos, una clase de historia del arte en el instituto de mi pueblo, mis amigos y yo adolescentes en los columpios del parque, la cafetería de la facultad de psicología, la feria del libro de Madrid, la corbata que llevaba mi editor el día que gané el Ateneo joven de Sevilla y los zapatos de la mujer que estaba a su lado, Antonio Gala metiéndose conmigo, el sol de Córdoba después de haber llovido toda la tarde... Creo que no lo vería en orden, sino un montón de cosas que amo todas revueltas.

T. M.

martes, 18 de julio de 2017

Atravesar Berlín bajo tierra


Una frase profunda y de grandes connotaciones abre este estudio del investigador estadounidense Greg Mitchell, “Los túneles. La historia jamás contada de la huida bajo el Muro de Berlín” (editorial Ariel, traducción de Ana Herrera Ferrer). Pertenece a “Fausto”: “Sólo se gana su libertad quien la conquista de nuevo cada día”. El verso de Goethe podría adaptarse a todo tipo de situaciones, pero cuando hay un muro de por medio, todo se hace mucho más difícil. En agosto de 1961 se empezaría esa enorme construcción de hormigón armado que separaría a la Alemania oriental de la occidental y cuya destrucción, en noviembre de 1989, vendría a simbolizar la caída del llamado Telón de Acero, término acuñado por Winston Churchill en alusión a la frontera geográfica e ideológica que nacía, después de la Segunda Guerra Mundial, entre los países que habían quedado bajo la influencia militar, política y económica de la Unión Soviética y los países occidentales de base democrática y capitalista.

Los antecedentes de cómo Berlín quedó dividido durante veintiocho años, que explica Mitchell al comienzo, son los siguientes: con Berlín dividido en cuatro sectores de ocupación: soviético, estadounidense, francés e inglés, el país iría fragmentándose a medida que las relaciones entre los comunistas y los aliados se iban complicando, estableciéndose dos maneras de entender el país. De este modo, en 1949, los sectores occidentales (estadounidense, francés y británico) pasarían a llamarse República Federal Alemana, mientras que el sector oriental, el soviético, se transformaría en la República Democrática Alemana. Con ello, la capital quedaba definitivamente escindida con un devenir social y económico muy distinto: las estrecheces del ámbito soviético contrastaban con la buena salud financiera del Berlín occidental, lo cual acabó reflejándose en un éxodo paulatino: se calcula que unos tres millones de personas, hasta que el año 1961 algo se interpuso en el camino.

Un muro mejor que una guerra

El gobierno de la RDA veía que sus hombres más preparados huían hacia una sociedad de libre mercado, y entonces llegaría la determinación de cerrar buena parte de los puntos de paso que existían en la ciudad: sólo quedarían activos doce de los ochenta y uno que se extendían por Berlín. Era la noche del 12 de agosto, y otra idea empezó a ser tangible: el levantamiento de un muro, con el añadido de una alambrada, que en principio se quería provisional y que provocaría que innumerables gentes empezaran a ser evacuadas de sus viviendas. Pronto de un lado y de otro de la ciudad se presenció el trascendente trabajo: un muro de entre tres metros y medio y cuatro metros de altura, al que se acompañaba de un foso y un sistema continuo de vigilancia consistente en alarmas, coches militares y patrullas con perros y demás recursos para intimidar a los que querían volver a sus amigos y familiares del otro lado. Se dice que tres mil de las cinco mil que intentaron cruzarlo fueron detenidas, pero otras lo consiguieron. 

Mitchell lo demuestra en este libro que presenta una peripecia tan atractiva que no tardará en convertirse en película de la mano del cineasta Paul Greengrass, responsable de la serie de acción de Jason Bourne. El periodista, asimismo productor de un documental sobre la influencia política y cultural de la Novena Sinfonía de Beethoven, se ha basado para “Los túneles” en testimonios reales y extensas entrevistas “con casi todos los constructores de túneles más importantes, y varios de los correos y fugitivos”; además, determinados documentos recientemente desclasificados del Departamento de Estado de Estados Unidos y de los archivos de la CIA, más la consulta de cientos de documentos nunca antes vistos de los archivos de la Stasi –el Ministerio para la Seguridad del Estado, órgano de inteligencia de la RDA creado en 1950 y disuelto el año de la caída del Muro–, han llevado al autor a presentar casos en verdad increíbles, con personajes que ciertamente son carne de celuloide.

Así, tenemos al que había sido exitoso ciclista, Harry Seidel, que odiaba el régimen comunista y pensaba que “seguía habiendo muchísimas personas más que rescatar: casi todo el mundo en el este”, aparte de su bebé y su esposa, a los que salvó la misma noche en que se empezó a fraguar todo; en ese momento se puso en marcha mediante un plan con el que empezar a analizar lo que estaban haciendo las autoridades, pues desde el comienzo no creyó que aquel muro fuera provisional, y desde la parte occidental se preocuparía de volver a burlar los controles y alambres para intentar salvar a su madre. En paralelo a historias emocionantes como la de este valiente ciclista, Mitchell va mostrando cómo un grupo de jóvenes alemanes occidentales tuvo la iniciativa de crear unos túneles bajo el Muro; del plan se enterarían dos cadenas de televisión estadounidense, que pusieron todo de su parte para grabar los túneles y emitir unos programas especiales que asegurarían una gran audiencia. Sin embargo, el presidente John F. Kennedy quería evitar cualquier atisbo de conflicto con los soviéticos, llegando a decir: «Es mejor un muro que una guerra».

Un túnel nazi como idea
Este tipo de estrategias políticas se irán mezclando con otro asunto peliagudo: la censura que el gobierno estadounidense promovió de cara a la emisión de esos documentales, en lo que era una injerencia clara en la libertad de la prensa libre. Pero sobre todo en el libro surgen héroes como Seidel, que “estaba dispuesto a arriesgar la vida rescatando no sólo a familiares, sino también a desconocidos”. Las maneras eran diversas: mediante el alcantarillado, pasaportes o documentos de identidad falsos, o partes de la alambrada que era posible atravesar por encima o por debajo: “Un día vio a un joven que gritaba y agitaba las manos al otro lado de la frontera a su novia, que estaba en el este. El hombre lloraba. Se iban a casar aquel mes, pero ahora ella estaba atrapada. Harry prometió sacarla, y lo hizo. Luego ofició de padrino en la boda”. Este tipo de éxitos no iban a durar mucho, no obstante, dado que la vigilancia estricta policial iría averiguando los métodos de los escapistas. Había que mirar hacia abajo.
Los rumores decían que los nazis habían hecho un túnel en 1933. El ciclista fue en su busca y encontró un muro junto a la puerta de Brandeburgo desde donde se podía pasar al este. En ese momento, fue descubierto por la policía, pero logró saltar de la comisaría, desde una ventana que estaba a seis metros del suelo. Otros no tuvieron tanta suerte, como un amigo que, ayudando a otro compañero universitario a socorrer a su madre, fue disparado mortalmente. El peligro acechaba por doquier, porque se realizó un despliegue de miles de agentes que trabajaban para la Stasi como informantes; incluso las funciones de éstos rebasaban su territorio natural, ya que también “eran conocidos por secuestrar a expatriados en Berlín Occidental y llevárselos de vuelta al este”. Con todo, Seidel no se amilanó, y se entregó al proyecto del túnel; como el resto de sus conciudadanos, además, se enteraría de que había otros en marcha, el de unos hermanos que hasta salieron en los periódicos; dada la subsiguiente polémica por airear tal recurso, se establecería un acuerdo para mantener ese tipo de cosas en secreto. Lo llamativo del túnel de Seidel, al que se sumaron más hombres que trabajaban noche y día, es que se haría en la dirección menos frecuente: del lugar libre al oprimido. Era el comienzo de una aventura extraordinaria sobre los refugiados que cavaban y cavaban, desfalleciendo por la falta de oxígeno, en jornadas que podían durar doce horas seguidas, mientras “guardias fronterizos armados con fusiles Kalashnikov patrullaban por encima de sus cabezas”, cuenta Mitchell. Con lo que no contaba Seidel es que uno de los supuestos interesados en usar su túnel sería un informador de la Stasi. 

Publicado en La Razón, 21-V-2017

lunes, 17 de julio de 2017

Entrevista capotiana a Carmela Díaz

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Carmela Díaz.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Una isla de arenas coralinas, aguas cristalinas y templadas, cuajada de vegetación y con un sol eterno.
¿Prefiere los animales a la gente?
Según qué gente. Pero adoro a los animales. Y cuantos más años cumplo, más me enternecen y más los admiro. Nos superan en tantas cosas…
¿Es usted cruel?
No. Aunque me vendría bien saber manejar ciertas dosis de crueldad para desenvolverme con acierto entre estas turbas contemporáneas que nos rodean.
¿Tiene muchos amigos?
Los suficientes.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Lealtad y comprensión.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No.
¿Es usted una persona sincera? 
Demasiado. Y la sinceridad en los tiempos de la demagogia y lo políticamente correcto hasta el absurdo no es un valor en alza.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Viajando. Leyendo. Escribiendo. Ideando historias y personajes. Husmeando tendencias gourmet. Y no necesariamente por este orden.
¿Qué le da más miedo?
Las pérdidas.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
El odio. También la intolerancia.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
¡Tengo tantas inquietudes! Ejercer de aventurera (exploradora, arqueóloga, astronauta…). Si hubiese tenido las aptitudes necesarias, me habría encantado ser una deportista de élite. Y si me lo pudiese permitir, sería viajera: me dedicaría a empalmar un destino tras otro.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
No. Ni me interesa. Ma aburre mortalmente el culto al cuerpo y quienes lo practican. Una cosa es cuidarse y otra ser esclavo de la vanidad.
¿Sabe cocinar?
Me defiendo. Pero lo que realmente me apasiona es disfrutar de la comida con su posterior sobremesa en buena compañía. La gastronomía es mi principal vicio confesable.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Dios (si existiera).
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Sonrisa. Ni siquiera hace falta una palabra ante una sonrisa veraz.
¿Y la más peligrosa?
A nivel social, el odio. A nivel personal, el miedo (asesina muchas ilusiones).
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Figuradamente, a diario. Con una intención real, jamás.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
La rebeldía.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Una súper heroína. ¿Mi súper poder? El ser capaz de teletransportarme en el tiempo y en el espacio.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Casi todos los inofensivos.
¿Y sus virtudes?
Que las enumeren otros… si es que encuentran alguna.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Ni idea. Y prefiero no saberlo. Los pensamientos e ideas que gobiernan mi cabeza tienen vida propia y muchas veces aventajan a mi voluntad.

T. M.

domingo, 16 de julio de 2017

«Juego de Tronos», basada en hechos reales


A día de hoy, se han volatilizado las fronteras que antaño separaban la cultura popular con la erudición histórica, el mundo culto con el del arte de entretenimiento de masas. De este modo, las series de televisión o las películas, el cómic o la música contemporánea se introducen entre los intereses de académicos o intelectuales de prestigio. Un ejemplo de tal confluencia es «Winter is coming. El mundo medieval en “Juego de tronos”» (editorial Desperta Ferro; traducción de Aurora Ballesteros Fernández), o como la misma autora, Carolyne Larrington, dice: «Este libro es lo que ocurre cuando una investigadora en literatura y cultura medieval ve la serie de HBO “Juego de tronos” y lee la saga de novelas de George R. R. Martin “Canción de hielo y fuego”». 

Larrington es doctora en literatura medieval inglesa y profesora en la Universidad de Oxford, además de una de las mayores expertas en literatura antigua islandesa, como atestigua el hecho de que fue redactora en jefe de la revista “Viking and Medieval Scandinavia” y presidenta de la Viking Society for Northern. Toda una garantía, pues, a la hora de emprender un estudio como este, que incursiona en cómo la famosa serie recrea la realidad de los tiempos medievales. Si bien “el fin último no aspira a comprobar la veracidad de las fuentes de Martin ni señalar las influencias directas de David Benioff y Dan Weiss, los creadores de la serie”, será inevitable a lo largo del volumen establecer distinciones y semejanzas con el medioevo, aunque en definitiva acaba ganando la intención de la autora, esto es, homenajear “la extraordinaria capacidad de los libros y de la serie para construir un mundo en el que resuenan todo tipo de referencias culturales de la Edad Media europea y asiática”. 

El espectador de la serie y el lector de las novelas podrán disfrutar de un libro en que se expone, directa o indirectamente, lo que tienen en común los continentes ficticios de Poniente y Essos, en los que discurren las violentas luchas dinásticas entre diversas familias nobles por el control del llamado Trono de Hierro, con la historia medieval y su imaginario. El libro aborda las cinco primeras temporadas y sus correspondientes cinco novelas, y hasta trata de advertir en determinados pasajes la posibilidad de hacer “spoilers” para aquel que no haya visto o leído determinados fragmentos de esta historia que ha obtenido un gran número de premios televisivos y que, por cierto, ha usado escenarios españoles para varios rodajes, por ejemplo, en ciudades de Andalucía y Cataluña, así como en Guadalajara, Castellón y Navarra.

Desde los puntos cardinales

En marzo del año 2015, los responsables de la serie comunicaron que con aquella quinta temporada se iba a terminar de adaptar el material narrativo extraído de la obra de Martin y que a partir de ese momento se iban a incorporar tramas de relatos del escritor aún no llevados a término. Por ello, las diferencias entre la temporada cinco y los libros, “que hasta la fecha no habían sido relevantes”, afirma Carrington, «son ahora considerables. Como dirían los que se dedican a la edición de textos medievales, deberíamos hablar de dos relatos diferentes. Es la misma historia, o casi, pero las divergencias son mucho más importantes de lo que sugiere el término “versión”»; incluso los nombres de los personajes difieren al comparar las novelas y la serie. En cualquier caso, el quid de la cuestión es ver que mediante la fantasía y la aventura puede conocerse “el funcionamiento de las intrigas monárquicas, la religión o la organización de las sociedades”. En este sentido, la autora compara “Juego de tronos” y “Canción de hielo y fuego” con la Tierra Media de J. R. R. Tolkien de “El señor de los anillos”.

Y es que son “un mundo de fantasía con ladrillos que nos resultan familiares, conocidos, al menos para los que somos medievalistas. Estos ladrillos se han cincelado a partir del pasado histórico e imaginario de la Edad Media”. Algo que hasta puede concretarse geográficamente; no en vano, Carrington titula los capítulos del libro mediante los puntos cardinales: “A partir del norte medieval, con sus desiertos de hielo, sus monstruos y sus lobos; a partir del Occidente medieval, con sus instituciones características, como la caballería, la monarquía o las convenciones sociales sobre la herencia y la masculinidad; a partir del Mediterráneo medieval, con su mezcla de puertos comerciales, piratas, traficantes de esclavos y civilizaciones antiguas”; y, finalmente, “a partir de las fantasías medievales sobre el exotismo del este, el lugar en el que los jinetes mongoles asediaban ciudades legendarias de inimaginables riquezas y donde las tribus más extrañas estaban dominadas por costumbres insólitas, en los márgenes del mundo conocido, e incluso más allá”.

El medievo y la actualidad

Como no podía ser de otra manera, para su obra George R. R. Martin recurrió a sucesos sociales, guerras y hábitos de la historia medieval europea, pero también de culturas guerreras anteriores (celtas, anglosajones y vikingos), como ha sabido ver muy bien Carrington, que ve paralelismos entre algunos aspectos que el aficionado conocerá bien –como los códigos de la monarquía de Baratheon, el sistema de clanes de los Dothraki, la Hermandad de la Guardia de la Noche y la labor del Guardián del Norte– y las maneras en que se organizaron la Europa y Asia Central medievales. “Winter is coming”, profusamente ilustrado, sigue con detalle cada trama de la ficción y la emparenta con asuntos fidedignos, caso de la relación entre la historia reciente de los Siete Reinos y la Guerra de las Dos Rosas del siglo XV que enfrentó a los miembros y partidarios de la Casa de Lancaster contra los de la Casa de York y cuyos apoyos, entre, por un lado, la aristocracia terrateniente y, por el otro, los ejércitos de los señores feudales, marcarían el destino de los matrimonios dinásticos entre la nobleza.

Porque ese es el eje de “Juego de tronos”, por supuesto, la lucha por el poder. Y además, a juicio de Carrington, ese tipo de traslación desde lo histórico-real a lo narrativo-audiovisual ha sido enriquecida considerablemente gracias al talento de Benioff y Weiss, pues “los hechos históricos se transforman en algo todavía más intenso, más insólito, más arquetípico”. Es, en definitiva, también una forma de hacer confluir todo ese torrente de fecunda imaginación literaria de Martin con lo que sabemos de la Edad Media y hasta con los temas universales y eternos que nos persiguen por doquier como raza humana que vive en convivencia o conflicto. Así que si en los libros se habla de “los movimientos migratorios de las poblaciones que no son capaces de continuar en sus tierras de origen a consecuencia del cambio climático”, es fácil verse reflejado desde la actualidad frente a tal problema, “pues la población de la Edad Media que vivía en sociedades marginales –como los colonos escandinavos del sur de Groenlandia en el siglo XV– vio cómo incluso un mínimo cambio en la temperatura media podía suponer la extinción de todo un modo de vida”. De modo que no extrañará la conclusión de la autora, que no puede ser otra que, “en ocasiones, la coincidencia de la historia de Poniente con los problemas políticos actuales resulta incómoda”.

Publicado en La Razón, 5-VI-2017

sábado, 15 de julio de 2017

Entrevista capotiana a Pedro Feijoo

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Pedro Feijoo.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Pues, de entre todas, la más cómoda de las cárceles, supongo...
¿Prefiere los animales a la gente?
Me quedo con la gente, y así ya tengo un poco de todo.
¿Es usted cruel?
Mucho más de lo que me gustaría admitir.
¿Tiene muchos amigos?
No y, desde luego, sobre los que tengo tampoco estoy muy seguro de merecerlos...
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Teniendo en cuenta que esos pocos amigos lo son de un indeseable como yo, tenerlos ya me parece excesiva fortuna como para encima venirles con exigencias...
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Sí. (Ya he dicho que soy un indeseable...).
¿Es usted una persona sincera? 
A veces.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
No sé hacerlo. Y ahora es una de esas veces en las que sí estoy siendo sincero.
¿Qué le da más miedo?
De un tiempo a esta parte, todo me da miedo. El matiz está en si es un miedo llevadero, angustioso, o atroz.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Curiosa y extrañamente, ya (casi) nada me escandaliza. Estoy tan desencantado de (casi) todo, que me espero (casi) cualquier cosa de (casi) cualquiera.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Con el debido respeto... ¿de verdad se puede hacer eso de “decidir ser escritor”? Es que, de ser así, y ya puestos, yo preferiría escoger otras opciones, como, por ejemplo, “decidir ser el tipo que va a acabar con el cáncer”.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
No.
¿Sabe cocinar?
Con bastantes limitaciones.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Jesucristo, para que se dieran cuenta cuanto antes de que soy un impostor.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
“Aspereza”. Nada más le falta la N para estar completamente llena...
¿Y la más peligrosa?
Pues no tengo mucha idea, pero diría que lo más peligroso viene siempre cuando ya no hay lugar para las palabras.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Milito fervientemente en el “desencantismo”, ala radical.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Mi sobrina, que siempre tiene respuestas ocurrentes para este tipo de cuestiones.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Hasta hace pocos años, diría que los tenía todos. Ahora mataría por recuperar el deseo de alguno de ellos...
¿Y sus virtudes?
¡¡¡Ja ja ja!!! Venga ya, no me haga reír...
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mientras lo que me pasase por la cabeza fueran imágenes, y no la hélice del barco que viniera a salvarme, todas me parecerían estupendas.

T. M.

viernes, 14 de julio de 2017

Entrevista en "El Ojo Crítico", de RNE, por "El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau"

Una linda y pequeña librería, en el pueblo costero de Tiburón, California, donde compré este pasado diciembre una edición de escritos de Thoreau.

Este miércoles, desde Radio Nacional de España, programa El Ojo Crítico, Juan Carlos Morales me entrevistó por el bicentenario del nacimiento de Henry David Thoreau (se puede escuchar enseguida, porque el espacio empezó con mi entrevista). En efecto, nuestro autor nació el 12 de julio de 1817 y, como dije en la presentación de El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau (editorial Ariel), murió a la edad en que yo he publicado mi libro, a los cuarenta y cuatro años.

jueves, 13 de julio de 2017

Entrevista capotiana a Joan Cañete Bayle

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Joan Cañete Bayle.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Una casa, a la orilla del mar.
¿Prefiere los animales a la gente?
No, bajo ningún concepto. Las personas suelen tener una conversación mucho más interesante.
¿Es usted cruel?
En la vida real, no. Como escritor sí, aunque mi coartada es que la vida puede ser muy cruel.
¿Tiene muchos amigos?
Muchos menos que en Facebook, pero suficientes.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Saber cuando hay que estar, este don de la oportunidad que da la amistad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Las personas tenemos la imparable tendencia a defraudar a alguien. Me han defraudado, he defraudado, esas son las reglas del juego.
¿Es usted una persona sincera? 
Lo intento.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leer. Escribir. Con mis hijos. Cine.
¿Qué le da más miedo?
Esas historias de terror en ls que alguien posee a una persona y lo convierte en otro ser. La misma apariencia, otra persona. es horrible.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
El cinismo ante el dolor ajeno. El racismo.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Fastidiarme.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Andar, sobre todo.
¿Sabe cocinar?
Es como lo de la sinceridad: lo intento.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Hay muchos, anónimos, famosos, de ficción. Si fuera famoso, Nelson Mandela. Anónimo, alguna de las abuelas palestinas que he conocido. De ficción, Michael Corleone.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Hope, pronunciada por Barack Obama.
¿Y la más peligrosa?
Nosotros.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Derechos humanos, derechos sociales, derechos económicos, derechos civiles, deberes de ciudadanía.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Rock star.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Hermetismo, frialdad, terquedad.
¿Y sus virtudes?
Responsabilidad. Capacidad de trabajo. Empatía.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mis hijos, probablemente.

T. M.