lunes, 23 de octubre de 2017

Entrevista capotiana a Isaac Páez

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Isaac Páez.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Un aeropuerto. Los aeropuertos parecen estar en ninguna parte y tienen de todo, desde niño me obsesiona ver despegar y aterrizar aviones, es algo mágico. Además hay MacDonald´s en casi todos.
¿Prefiere los animales a la gente?
Los animales, las plantas, las piedras, los extraterrestres…
¿Es usted cruel?
Sólo cuando algún idiota cree que puedo ser como él y me habla en su idioma.
¿Tiene muchos amigos?
No, y es mejor así.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
No busco amigos ni candidatos para serlo, tampoco, por tanto, cualidades determinadas.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Muy pocas cosas me decepcionan, estoy hecho a lo peor, siempre lo espero.
¿Es usted una persona sincera? 
No, con lo cual puede que sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Me martirizo pensando en mis errores, así  que suelo refugiarme en el cine, es de las pocas cosas que logra sacarme del mundo durante una hora y media.
¿Qué le da más miedo?
El ruido. Vivimos inmersos en un ensordecedor estallido que no cesa.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La prensa política (más que los propios políticos), el borreguismo, el twitter, la monarquía, mi banco, mis vecinos y el coaching
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Hubiera intentado vivir de mis padres hasta los cincuenta años. Soy profesor y escritor, y nunca jamás he sabido hacer otra cosa, ni siquiera sé cambiar un enchufe. Me gustaba mucho el deporte, pero carecía de tensión competitiva, no me importaba perder.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Realizo un duro entrenamiento semanal desde hace años, fui jugador de rugby y siempre he tenido la necesidad de sentir la tersidad del músculo. No creo en el modelo del intelectual encorvado y endeblito que critica todo estereotipo mientras fuma en pipa, cambia su acento y se compra ropa pensando si es la adecuada para un escritor.
¿Sabe cocinar?
Un poco, me relaja bastante y suelo beber y leer mientras cocino, cosa que constituye un gran placer. Las empanadas me salen de aúpa, pero lo demás no es para presumir con las visitas, debo admitirlo.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Maradona o Louis-Ferdinand Céline.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
“Vacío”, en ella cabe todo.
¿Y la más peligrosa?
“Poder”.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
A diario, pero el deseo no es ni de lejos equiparable a la acción, aunque parece que pronto se castigará hasta el deseo del delito, con lo sano que es desear cosas indignas y malsanas. Cuando nos quiten el derecho al pensamiento delictivo que se agarren fuerte, porque ya sólo nos dejarán la acción.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Anarquista Ilustrado, por ponerle un nombre. Sueño con un mundo en el que todos seamos tan cultos, educados y cabales que el “poder” sea sólo un recuerdo de mal gusto. Rechazo todo nacionalismo, toda religión y toda tendencia de izquierda, centro o derecha. He dejado de ver telediarios o de leer la prensa, el tufo a manipulación llega desde todas partes, y yo ya no tengo opinión sobre absolutamente nada.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Bruce Springsteen. Tiene que ser la leche cuando le pega a la guitarra y cincuenta mil personas gritan y saltan. Eso debe ser la salvación.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El arrepentimiento, todos los días me arrepiento de algo. El café, el vino, la cerveza o el sexo no los considero vicios o drogas.
¿Y sus virtudes?
Mi ilimitada paciencia, ella me ha salvado del suicidio y del homicidio
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mi hijo durmiendo, mi mujer llorando y la cabecera de Twin Peaks.

T. M.

domingo, 22 de octubre de 2017

El abortista y su asesino


Es lógico encontrar, en una trayectoria literaria tan descomunal como la de Joyce Carol Oates, que se ha mantenido en la cresta de la ola desde 1964 con una regularidad y una capacidad de trabajo impresionantes, más o menos altibajos. En algunas de sus obras, es fácil reprocharle un sentimentalismo banal en torno a la rememoración romántica o un erotismo de telefilme, como “A media luz” (2008), sobre la fama póstuma de un hombre muerto heroicamente –tras salvar de ahogarse a una niña en el río Hudson– al que le rodeaba un enjambre de mujeres para las cuales era todo un amor platónico.

En el otro extremo, la autora neoyorquina, insistiendo en novelas monumentales, lograba textos excelsos como “Carthage” (2014), cuyo cebo era la desaparición de una joven: una acción desarrollada con tal paciencia narrativa y una habilidad para dosificar la información, que el lector quedaba atrapado desde la primera hasta la última página, sin flaquezas ni lagunas, a medida que el drama que se vivía en el pueblo que daba título al libro evolucionaba durante los siete años que duraba todo y en el que cada personaje iba a ver cómo se descomponía su existencia. Y de repente, en su incansable tarea, venía otra obra menor, como la novela corta “Rey de Picas: una novela de suspense” (2016), en la que un escritor de éxito era perseguido por acusaciones de plagio y no salía indemne pese a ser inocente.

La América profunda

Ahora, con otro escrito mastodóntico, “Un libro de mártires americanos” (traducción de José Luis López Muñoz), Oates vuelve a la línea de “Carthage”, que tan maravillosamente bien reflejó los Estados Unidos actuales. En esta ocasión, se adentra con mano maestra en la psicología del religioso fanático, del desequilibrado que confunde sus ideas en contra del aborto con la pulsión asesina mientras oye mensajes divinos, en una localidad de Ohio. Conoceremos entonces los contextos familiares de los dos personajes en que se apoya una narración que recorre los años 1999-2012: el médico abortista Augustus Voorhees, y su asesino, Luther Amos Dunphy, más las extensiones de estos representadas por sendas hijas: la boxeadora Dawn Dunphy y la documentalista Naomi Voorhees.

Por eso “Un libro de mártires americanos” trata de cómo afrontar y de alguna manera solucionar el pasado que se ha heredado por vía sanguínea. Oates pincela la mente del criminal y su entorno (esposa e hijos) de manera memorable, y estructura lo relacionado con el médico en forma de “archivo”, con conversaciones y recuerdos; un recurso original que nos coloca en la tragedia de la muerte y el hostigamiento de los ultracatólicos violentos. La autora así pone encima de la mesa asuntos espinosos como el aborto o la pena de muerte, desde dentro, desde el hogar, y cómo es señalado “el asesino de bebés” hasta que éste es disparado y la familia queda aniquilada. Se abre, pues, una investigación por parte de Naomi que se funde con su historia personal, más la llegada del juicio a Dunphy, lo que a la vez es una meditación de lo que significa la pena de muerte –como también se había visto de forma espectacular en “Carthage”–, hasta que llega un conmovedor final y dejamos atrás una novela intensa en su psicologismo y valiente en sus propósitos.

Publicado en La Razón, 6-X-2017

sábado, 21 de octubre de 2017

Entrevista capotiana a Borja Monreal

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Borja Monreal.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Agaete. Debajo de la inmensa pared de Tamadaba y consolando a mi cautiveri0 tarde tras tarde con una carrera hacia la puesta de sol.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero algún animal a mucha gente. Y poca gente a muchos animales.
¿Es usted cruel?
Cero. Ni siquiera lo concibo.
¿Tiene muchos amigos?
Amigos… en Facebook pocos. Fuera muchos más, de esos que aún llaman por teléfono o escriben mails eternos. O en su defecto dejan mensajes de voz de un cuarto de hora.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
La confianza y la risa. Que siempre se descojonen. De todo, de todos y en todas las circunstancias. Especialmente en las malas.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Creo recordar que no lo han hecho nunca. Pero no tengo buena memoria para lo malo. Seguramente dejaron de ser amigos cuando me decepcionaron.
¿Es usted una persona sincera? 
Como diría Sabina, sincero y sin infinito. Pero por principio sí. Aunque a veces cuesta. La verdad es, además, tan relativa…
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leyendo, corriendo y discutiendo. De cualquier tema por extraño que parezca.
¿Qué le da más miedo?
No tener la capacidad de decidir, perder progresivamente la libertad eligiendo inconscientemente hacerlo hasta darte cuenta que tienes más responsabilidades y compromisos de los que te gustaría.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La estupidez y la falta de límites… a la estupidez. No hay cosa que me exaspere más que saber que alguien sabe algo y defienda lo contrario por interés. La consciencia sobre la mentira me parece una propiedad terroríficamente peligrosa.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Lo que hago. Cambiar el mundo. Al menos el mío. 
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Correr, nadar, jugar al rugby… cualquier cosa en el entorno adecuado.
¿Sabe cocinar?
Sí. Disfruto cocinando y dando de comer.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Inolvidable para mí, Álvaro Pombo, por el impacto que tuvo en mi carrera como escritor. Inolvidable para la historia, sin duda, Nelson Mandela, por enseñarnos que se puede cambiar la mentalidad de la gente y construir sobre la desesperanza.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Mañana.
¿Y la más peligrosa?
Verdad.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Matar, matar, no… pero casi.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Sé cuáles no son: ni de derechas, ni de izquierdas, ni de centro. Soy de algo así como del sentido común, lo que pasa es que éste me lleva siempre a inclinar la balanza hacia el lado del desfavorecido.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
¿Pudiera? ¿Es que todavía no estoy a tiempo?
¿Cuáles son sus vicios principales?
Un gintonic al caer la tarde… y poco más.
¿Y sus virtudes?
La determinación y la actitud positiva frente a todo. No me canso de repetirme que cualquier cosa puede conseguirse.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Olvídate de imágenes, no me iba a dejar caer tan fácilmente…

T. M.

viernes, 20 de octubre de 2017

La ciencia mágica

A finales del siglo V a. C., Hipócrates habló del veneno de la bilis negra; afirmaba que el cuerpo humano contiene sangre, flema y bilis amarilla y negra, y que en función de estos «humores», el hombre podía estar sano o enfermo. Como comentó el estudioso Lászlo F. Földényi en su libro “Melancolía” (1984), ésta era para Hipócrates una dolencia del cuerpo al predominar el fluido espeso de la bilis negra; eso podía envenenar la sangre y causar “desde el dolor de cabeza hasta la lepra, pasando por enfermedades del hígado y del estómago. La sangre, por su parte, es la cuna de la razón, del espíritu”, según el fundador de la medicina occidental.

En la Antigüedad, de esta manera, se combinaba la visión corporal con la anímica y hasta espiritual, e incluso el mal melancólico se llegó a catalogar de «enfermedad de héroes», de aquel que debía afrontar su destino excepcional y se mantenía imperturbablemente sereno. «El origen, al ser físico, es también cósmico y va más allá de lo humano (resultando de la combinación del viento, de la zona, de la estación, del punto cardinal e incluso de los cometas y de las estrellas), pero su influencia se muestra en la mente de la persona y se plasma en la individualidad psíquico-espiritual de cada uno, diferente de todas las otras individualidades, incomparable e irrepetible», escribió Hipócrates en su tercer libro de las “Epidemias”, advirtiendo que tal ánimo melancólico constituía a fin de cuentas una perturbación psíquica.

Un ejemplo como este serio y hasta literario por su mezcla de fabulación y ciencia puede estudiarse mediante una mirada artística y sociológica de incalculable valor cultural, y casos parecidos a este y a otros muchos susceptibles de interpretarse a la luz de lo cómico y hasta disparatado han sido recogidos, extraídos de textos antiguos, por J. C. McKeown, para elaborar este “Gabinete de curiosidades médicas de la Antigüedad. Historias sorprendentes de las artes curativas de Grecia y Roma” (traducción de Silvia Furió). Aquí encontraremos, dice el propio autor en el prefacio, “curas para la migraña como la de envolver un pez eléctrico, un sujetador femenino o una venda con excrementos de ratón alrededor de la cabeza del paciente; burras en el cuarto del enfermo para garantizarle el suministro de leche fresca; una gran profusión de amuletos, como una víbora estrangulada para ahuyentar la amigdalitis o un cuco en una bolsa de piel de liebre para inducir al sueño”.

Hábitos hilarantes

Esta antología de interpretaciones, costumbres y creencias médicas está estructurada a partir de catorce capítulos temáticos, desde el dedicado a la medicina relacionada con la magia y la religión hasta lo que tiene que ver con la anatomía, la medicina preventiva o el pronóstico y diagnóstico. Todo avalado por un gran número de fuentes que firman personalidades de renombre indiscutible, sabios que apuntalaron los conocimientos de los que hemos vivido dos mil quinientos años. Para empezar con un Hipócrates al que se le atribuyen más de setenta tratados pero que tal vez no escribió ninguno, como se desprende de sus numerosas contradicciones. Plinio, en su “Historia natural”, ya explicó que desde la guerra de Troya hasta la del Peloponeso (siglos XIII-V a. C.), la medicina estuvo sumida en la oscuridad, hasta la llegada del médico de la minúscula isla de Cos (en el mar Egeo, muy cerca de Turquía).

Junto con curiosidades del ámbito médico como el origen de la serpiente –eran bien vistas por contribuir al control de los roedores– como símbolo que aún se vincula a asociaciones médicas, los sanatorios que existían para la sanación y de los que se cuentan diversos milagros, el hábito de hacer ofrendas si uno era curado o la forma en que los médicos eran vistos –gente con verborrea que se perdía en circunloquios–, veremos un sinfín de historias que a nuestros ojos son poco menos que hilarantes. Se creía, por ejemplo, como se lee en diversos trabajos históricos de entonces, que la sangre menstrual mataba las colmenas de abejas o hacía que cayeran los frutos de los árboles, entre muchas otras cosas, o que si una mujer se ataba una salamandra en la rodilla, no tendría hijos. Y así una infinidad más: los machos tienen más dientes que las hembras; el bazo no tiene ninguna función; algunas personas nacen con un corazón peludo; los hombres con pene grande son menos fértiles porque el semen “tiene que recorrer un trayecto demasiado largo y se enfría” (Aristóteles); los calvos se quedan sin pelo durante el coito; para concebir es de ayuda mordisquear una sepia a medio cocer; las mujeres embarazadas con granos en la cara dan a luz a niñas; después del parto hay que beber excrementos de ratón en agua de lluvia si se desea recuperar el tamaño de los pechos; las personas que tienen piojos tienen menos dolores de cabeza…

Con todo, lo más interesante sin duda es que a partir del anecdotario que se va desarrollando, con citas literales (de Celso, Sófocles, Plutarco, Séneca, Platón y muchos otros), más los comentarios de McKeown, conocemos con mayor cercanía y autenticidad el alma antigua, el alma de las gentes de aquellos tiempos, con sus pesares, esperanzas, ingenuidades y fantasías. Galeno, el médico más eminente de la Antigüedad y que en estas páginas tiene un gran protagonismo, habló de cómo debía ser el médico ideal: el que “desdeña el dinero y está totalmente dedicado al trabajo –paradójicamente, pues en la Edad Media fue mal visto por avaricioso–. Semejante devoción es imposible para aquellos adictos al vino o a la comida o al sexo”. Estudiantes de Medicina: aquí tenéis un primer consejo nada desdeñable. 

Publicado en La Razón, 6-IX-2017

jueves, 19 de octubre de 2017

Entrevista capotiana a Rosa Blasco


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Rosa Blasco.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Un buen sitio podría ser Alcañiz, mi ciudad natal. Menos mar, lo tiene todo.
¿Prefiere los animales a la gente?
No. Empatizo  más con las personas. Los animales son mi asignatura pendiente. Quizás en otra vida...
¿Es usted cruel?
Conscientemente, no.
¿Tiene muchos amigos?
Afortunadamente, sí. Y no cambio ni a uno solo de ellos por todo el oro del mundo.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Bondad y simpatía.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Raramente, y en esas escasas ocasiones siempre intento ponerme en su lugar para intentar comprender sus razones. No siempre lo consigo...
¿Es usted una persona sincera? 
Se me da muy mal mentir, pero si es por evitar al otro un sufrimiento o por salvar una causa justa, me arriesgo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leyendo, paseando o viendo cine.
¿Qué le da más miedo?
La violencia en todas sus formas, que siempre comienza por palabras y actitudes y termina con la agresión física y las guerras.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
El abandono de los ancianos en nuestra sociedad.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Seguiría con mi "otra vida", la de médico de familia, una profesión maravillosa.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Pilates, que ha sido un magnífico descubrimiento para mantenerme en forma.
¿Sabe cocinar?
Sí, soy  madre de familia extensa (padres, esposo, hijas...) y cocino para ellos el fin de semana con mucho gusto. Siempre alaban mis platos... seguramente para no tener que cocinar ellos.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Encarnita Simoni, una historiadora nacida en el Bajo Aragón, que emigró a los 15 años a Suiza como empleada de hogar y en su tiempo libre estudió el bachillerato, cuatro idiomas y una carrera universitaria. Ahora es mi amiga y un ejemplo de mujer para mí.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Vida.
¿Y la más peligrosa?
Odio.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Nooo.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Libertad, Igualdad, Fraternidad.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Un pino asentado en una cala del Mediterráneo.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Beber té continuamente y ojear el Hola! una vez por semana.
¿Y sus virtudes?
La capacidad de escuchar a los demás y la disciplina en todo lo que hago.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Si ocurriera en el mar, pensaría que era una buena forma de morir, uniéndome a la naturaleza como parte de su ciclo vital, entre los peces, la sal, el agua y la arena...
T. M.


miércoles, 18 de octubre de 2017

Entrevista en Catalunya Ràdio por "El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau"


Reloj fotografiado en la Casa Vieja de Estado de Boston que lleva la fecha de 1850, año crucial para la literatura norteamericana.

El pasado 7 de octubre se emitió la entrevista que David Guzmán me hizo para su programa Ciutat Maragda, de Catalunya Ràdio, que aquel día estaba dedicado íntegramente a la figura a la que me consagré con mi libro El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau (Ariel).

martes, 17 de octubre de 2017

Entrevista capotiana a David Hernández Sevillano

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de David Hernández Sevillano.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Después de pensarlo mucho creo que lo importante sería con quién estaría, más que dónde. En cualquier caso, puestos a fantasear elijo un pequeño pueblo costero, sin turismo.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero la gente.
¿Es usted cruel?
Sí, aunque lo controlo bastante.
¿Tiene muchos amigos?
No.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
El respeto es la base.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No.
¿Es usted una persona sincera? 
No siempre.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Jugando en familia, viajando, montando en bici, tallando madera, haciendo puzles, paseando…
¿Qué le da más miedo?
Perder lo que “creo” que “poseo”.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La falta de respeto por la vida en todas sus variantes.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Quizás habría desarrollado algún otro tipo de arte.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Bicicleta.
¿Sabe cocinar?
No mucho, pero hacer tortilla de patata se me da muy bien.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Creo que todos somos especiales, lo escribiría de mis hijos, la información es mucho más completa que de cualquier otra persona.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
El silencio.
¿Y la más peligrosa?
La palabra NO.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
El Amor. Aunque es bastante difícil ser fiel a esas tendencias.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Si fuese otra cosa no sería yo. Estoy bien así.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Soy cabezota.
¿Y sus virtudes?
Son insistente (es lo mismo pero desde otro punto de vista).
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Todo lo que no llegaría a ocurrir, a vivir si realmente me ahogo.

T. M.

lunes, 16 de octubre de 2017

Publicación y presentación de la nueva novela de José María Pont, "Pareja de reyes" (Edhasa)


Soy un fan incondicional de José María Pont, que contestó en su día a la entrevista capotiana de forma genial y al que tuve la feliz ocasión de reseñar su debut narrativo en La Razón, Banderillas negras. Hoy mismo presenta en Barcelona (Casa del Libro, en Rambla Cataluña 37, a las 19.00 h) su segunda obra, también en clave humorística, igual o más divertida que la primera, igual o más corrosiva en su crítica político-social.

La clave en la que se asienta la novela es un resquicio impreciso que se puede leer en el artículo 58 de la Constitución española, que alude a la pareja del rey, pero deja abierto que sea imposible que tal pareja sea homosexual, si bien saldrán otras interpretaciones, que harán del texto una comedia disparatada. Reflejo absoluto de la política actual, con el desafío independentista incluido, Pareja de reyes desarrollará todo el inmenso enredo que la decisión matrimonial del príncipe trae en paralelo a las mezquindades de los partidos políticos que están atentos ante la nueva situación, en aras de aprovecharse de ello en su beneficio.

No quisiera desvelar nada, ni siquiera el delirante inicio monárquico y sórdido, pero no me resisto a citar el nombre de algunos personajes: políticos como Alonso Quijano, presidente del Gobierno y líder de España en Conserva, Hipólito Cercadillo, secretario general de Socialistas Supervivientes, o aquellos ligados a medios de comunicación, como el director del Universal, Pedro J. Diosdado. Asimismo, Moisés Belmonte es el responsable de Nos Metemos, y también está Remigio Zorongo, de Rebaños a la Izquierda, César Colombo, el líder de Izquierda, Derecha o Viceversa, y además hay representantes del clero, la aristocracia y el ejército.

Buena parte del contenido del libro es cómo cada personaje va asimilando las noticias que vienen desde la Casa Real, produciéndose diálogos delirantes entre, por ejemplo, el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Herodes Salamero, y Aurelio, el ecónomo, más Emilio Cantabria, presidente del Banco Hipotecario para Toda la Vida, y el general Marcelo Cienfuegos, jefe del Estado Mayor de la Defensa. La política catalana tiene a Pere Raurell como president de la Generalitat de Cataluña, y Heribert Rodríg, del partido republicano Botifarra Catalana.

Exactamente igual a su anterior novela, el tratamiento que da Pont a los personajes siempre es de guasa, de burla continua con respecto a su cargo, de caricatura plena, y absolutamente ninguno se salva, lo que hace que la crítica social sea completa. Destaca en ello lo despiadado de todos los personajes políticos, en cuanto a su egoísmo infinito, rodeados además de las hipocresías y traiciones por doquier. Todos, así, reciben un tratamiento de gente estúpida cuyas ambiciones e intolerancias les ciegan. 

Como se puede entender con el nombre de cada partido político, el lector podrá relacionarlos con el PSOE, PP, Ciudadanos, Izquierda Unida y Podemos, de modo que el elemento de actualidad es total pues salen caricaturizados en sus rasgos más definidos. Además, se presenta la monarquía también de manera escandalosa por momentos. Pont ya hizo algo divertidísimo en la anterior novela, confluyendo con la realidad sociopolítica de Cataluña con España con el trasfondo de los toros, y ahora da un paso adelante y aún entronca todavía más con las deficiencias de nuestra democracia y la mediocridad de los políticos, que ahora se están poniendo a prueba de manera extrema precisamente.

domingo, 15 de octubre de 2017

Entrevista capotiana a Juan López-Herrera

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Juan López-Herrera.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
En cualquier ciudad con al menos dos mil años de historia, cuyo corazón uno pueda recorrer a pie, donde sea posible desayunar en la calle de forma civilizada (cafelito y tostadas de manteca colorá) y donde uno pueda encontrarse con los amigos sin necesidad de citas previas. Puede que eso me limite a Sevilla y Cádiz, pero ya dijo mi paisano Fernando Villalón que el mundo se divide en dos partes: Sevilla y Cádiz.
¿Prefiere los animales a la gente?
No, claramente prefiero a la gente. Con todos mis respetos, creo que quienes prefieren a los animales suelen tener serios problemas de relacionamiento con sus semejantes. Acabo de vivir tres años en el Reino Unido y me produce cierta desazón que alguien dedique más mimos a un perro o un caballo que a un niño.
¿Es usted cruel?
No, al menos no conscientemente.
¿Tiene muchos amigos?
Sí, practico el culto de la amistad y soy muy fiel a mis amigos. Muchos de ellos son mis amigos de infancia y de colegio.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Cada día más, la bondad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No, porque no espero de ellos más de lo que pueden dar.
¿Es usted una persona sincera? 
No, la sinceridad está sobrevalorada y es muy peligrosa. La sinceridad es inevitablemente cruel. El proceso de civilización consiste precisamente en refrenar estos impulsos primarios en aras de una mejor convivencia. De la misma forma que hemos aprendido a no hacer nuestras necesidades en público, la buena educación implica no decirle a alguien que es feo, desagradable o imbécil, aunque claramente lo sea. No hay frase que me irrite más que esa estupidez de “es que yo soy muy sincero” con la que se justifican muchas faltas de respeto y muestras de pura mala educación. Y, curiosamente, los pretendidamente sinceros raramente lo son consigo mismos.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leyendo.
¿Qué le da más miedo?
Supongo que como a todo padre, que algo malo le ocurra a mis hijas.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Afortunadamente hay muchas cosas que todavía me escandalizan: la gran corrupción y las pequeñas corruptelas, la falsedad, la hipocresía, la falta de respeto, esos personajes que en Sevilla llamamos “enteraos” y los cariocas denominan “expertos”, los trepas, los jetas…
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Lo que ya hago a diario: ganarme el pan con mi trabajo.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sí, en circunstancias normales procuro correr y/o nadar dos o tres días por semana. Pero sin ninguna pretensión competitiva.
¿Sabe cocinar?
No. Me encanta comer y friego divinamente, pero no sé hacer nada más allá de un huevo frito.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A mi padre, como representante de una generación minusvalorada que en la postguerra reconstruyó este país y que con su sensatez y generosidad permitió la restauración de la democracia. Pese a las apariencias y a sus circunstancias vitales, a la hora de la verdad fue gente tolerante y respetuosa, mucho más de lo que hoy en día lo estamos siendo otras generaciones posteriores, incluyendo a los más jóvenes.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Mañana. Implica siempre la posibilidad de empezar de nuevo.
¿Y la más peligrosa?
Dudo entre sinceridad (“Yo es que soy muy sincero”) y derechos (“Tengo derecho a…”). Uno de los grandes problemas de nuestro tiempo son los derechos sin la contrapartida de los deberes.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No, sólo estrangular hasta amoratar.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Como me decía un ex jefe y amigo mío, progresista de orden.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Escritor y lector a tiempo completo.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Una cierta pereza para mis temas personales, no para el trabajo. Si pudiera viviría encamado, como aquellos parientes que describía en sus memorias Caballero Bonald, pero en mi caso con un libro en las manos.
¿Y sus virtudes?
Me gustaría pensar que soy una buena persona, aunque todos tenemos nuestras zonas de sombra en las que no nos gusta escudriñar.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Un flotador.

T. M.