sábado, 24 de junio de 2017

Entrevista capotiana a Phil Camino

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Phil Camino.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Estaría muerta.
¿Prefiere los animales a la gente?
La gente. Siempre. Y eso que adoro a los animales.
¿Es usted cruel?
No.
¿Tiene muchos amigos?
Sí. Qué bendición.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Compasión. Comprensión. Generosidad.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No más que lo que seguramente los decepciono yo a ellos. Hace parte de la amistad, de la vida.
¿Es usted una persona sincera?
La sinceridad tiene que ver con los otros, puede tener efectos positivos y negativos. Lo intento, pero calibro el efecto. Es posible que la confundamos con la honestidad que tiene que ver más con uno mismo.  
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Tendría primero que definir qué considero tiempo libre.
¿Qué le da más miedo?
El dolor o el sufrimiento de mis seres queridos. La maldad unida a la ignorancia.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Me enfado, más que escandalizarme. Me enfado con la estupidez, con la falta de compasión, con la soberbia, con la incapacidad de escuchar. Caramba, me enfado con muchas cosas… y eso que tengo buen carácter.
Si no hubiera decidido ser escritora, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Primera bailarina de la mejor compañía de danza del mundo. No imagino una vida sin la creatividad.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
He practicado mucho. Ahora bailo y camino, y cuando puedo hago jardinería.
¿Sabe cocinar?
Sí. Soy hija de una madre francesa que es excelente cocinera.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Madame Bovary.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Hijos.
¿Y la más peligrosa?
Hay dos: Mentiras y miedo.  
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
A casi todos mis personajes literarios cuando no sé cómo contarlos.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
No ser de un partido, no encerrar mi pensamiento o mis ideas en colores, siglas o ideas fijas. Trato de informarme y de ser consecuente con mi voto. Eso sí, voto siempre. No votar me parece la primera renuncia a mi responsabilidad como ciudadana.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Primera bailarina de la mejor compañía de danza del mundo.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Según la RAE, en su segunda acepción el vicio es: «falta de rectitud o defecto moral en las acciones». Mis vicios principales son haber actuado así en algunos momentos de mi vida.
¿Y sus virtudes?
Pregunte a mis seres queridos.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Soy buena nadadora, no me imagino ahogándome.
T. M.

viernes, 23 de junio de 2017

El huérfano y triple clan literario

En el año 2006, aparecía una biografía singular por ser triple. Ha habido diversos casos de hermanos que se han convertido en grandes e influyentes escritores, caso de dúos como Antonio y Manuel Machado, en nuestro ámbito español, o Thomas y Heinrich Mann, por poner un ejemplo de ámbito europeo también del siglo XX. Pero mucho más extraordinario es que tres personas nacidas de una misma madre y que comparten apellido se dediquen de manera absorbente a la literatura y además tengan sendas trayectorias exitosas. Aquella biografía a la que nos referimos,y que reflejaría precisamente la importancia de semejante tridente, la firmaba Miguel Dalmau y se titulaba «Los Goytisolo» (se publicó tras resultar finalista del Premio Anagrama de Ensayo XXVII). 

El mayor de este fecundo clan era José Agustín, el poeta que murió a los setenta años en circunstancias que muchos tildaron de suicidas, una tarde de 1999, al precipitarse desde la ventana de su domicilio, en Barcelona. El autor de poemas como «Palabras para Julia», al que puso música Paco Ibáñez, parecía estar pasando una temporada deprimido,según algunas personas. Pero como diría Primo Levi, «todo suicidio permite una nebulosa de explicaciones», de modo que para siempre quedará ese triste episodio en cierto enigma. El segundo y tercer hermanos, Juan y Luis, obtendrían reconocimiento muy pronto, ya que siendo todavía joven, por ejemplo, este último ganó con su primer libro, «Las afueras», el Premio Biblioteca Breve de Novela, y Juan, con su compleja obra «Reivindicación del conde don Julián», que vio la luz en México en 1970, se acabaría convirtiendo en un clásico moderno estudiado por el mundo académico y filológico. 

Nacidos en el seno de una familia burguesa, los tres hermanos tuvieron que vivir la tragedia de perder a su madre en un bombardeo, durante la Guerra Civil, y una posterior escisión por cuanto Juan decidió exiliarse por razones políticas. Hasta la vida privada de ellos trascendería, ya que en la biografía de Dalmau se hablaba de Juan y sus relaciones turbulentas con la escritora, guionista y actriz francesa Monique Lange (fallecida en 1998), con el que convivió desde 1956 y se casó en 1978; a ello se añadían las experiencias homosexuales también de Juan, y la convivencia difícil de la mujer de Luis, la también ya desaparecida María Antonia. Un conjunto de chismes personales muy ligados a la efervescencia de una Barcelona que se convertía en núcleo editorial esencial de la literatura en español y de la que salían escritores de voz crítica ante la dictadura. (En 1959 Juan asiste, junto con intelectuales y políticos antifranquistas, al homenaje a Antonio Machado en Collioure; ese año sucede la Huelga Nacional Pacífica que hace pensar que el fin del régimen puede estar próximo). 

Muchos rasgos literarios y sociopolíticos en los que pudieron converger los hermanos no fue un hecho que los acercara fraternalmente. En un artículo de prensa, Enrique Vila-Matas dijo que Juan no acudió al entierro de José Agustín porque, ya en 1964, se prometió no volver al panteón familiar en Montjuïc después de la muerte, con escasa diferencia de meses, de su padre y su abuelo,porque elpanteón era el símbolo de «todo el horror de la clase burguesa y explotadora en la que nació»; asimismo, Luis sí decidió ir al entierro pero no al funeral, «para no robar protagonismo al muerto: viejos ecos de antiguas competitividades fraternales». No era, por cierto, el primer hermano muerto, pues el que fuera el mayor, Antonio, había caído por culpa de una meningitis en 1927. 

Los desencuentros entre los tres, así pues, fueron notorios, pero siempre iban a estar unidos por aquel drama: Juan dijo que si no hubiera ocurrido la muerte de su madre no se habría convertido en escritor; José Agustín moriría el día del aniversario de su fallecimiento; Luis, en cambio, rechazaría esa influencia al explicar que apenas conoció a la que le trajo al mundo –su tetralogía «Antígona», novelas publicadas en el periodo 1974-1981, es toda una indagación de las preguntas que se puede hacer todo ser humano ante la vida y la muerte–, pero ese clima de ausencia, la pérdida del referente materno, provocó sensibilidades que buscarían su eco en el mundo del arte literario.

Publicado en La Razón, 5-VI-2017

jueves, 22 de junio de 2017

Entrevista capotiana a Martín Casariego

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Martín Casariego.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Una casa rodeada de árboles, con una buena biblioteca, conexión a internet, piscina para el verano, y un acceso lo suficientemente cómodo como para que no me faltaran las visitas.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero los animales salvajes y la gente civilizada.
¿Es usted cruel?
No.
¿Tiene muchos amigos?
Nunca se tienen muchos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Honradez, sentido del humor, reciprocidad en la estima.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Tanto como yo a ellos.
¿Es usted una persona sincera? 
Procuro serlo a medias, la sinceridad completa puede ser hiriente, para otros y para uno mismo.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leer, viajar, ver películas, estar con personas a las que aprecio.
¿Qué le da más miedo?
La soledad, el dolor y, especialmente, no valerme por mí mismo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La crueldad, el fanatismo. Aunque más que escandalizarme, me indigna.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Dibujar fatal.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
No.
¿Sabe cocinar?
No.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Hay tantos... Cabeza de Vaca, por ejemplo.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Tolerancia.
¿Y la más peligrosa?
Mío. Aunque intentar eliminarla puede ser desastroso...
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Centro.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Guardabosques.
¿Cuáles son sus vicios principales?
En determinadas situaciones, beber más de la cuenta. Aunque siempre la pago.
¿Y sus virtudes?
Se puede confiar en mi palabra.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mis hijos, mi mujer, mis hermanos, mis padres... La casa en Aravaca en la que pasé mi infancia y juventud.

T. M.

miércoles, 21 de junio de 2017

Nueva web de El Desvelo Ediciones, con mi novela "La soledad del tirador"

Mi novela junto a otros títulos de El Desvelo Ediciones
en la pasada feria del libro de Santander

El Desvelo Ediciones, que el pasado marzo publicó mi novela La soledad del tirador, ha estrenado web. Me siento verdaderamente orgulloso de pertenecer a su catálogo, con esa línea editorial tan exquisita, tan valiente y artística, y además con una calidad de diseño incomparable. Sin ir más lejos, la portada de mi libro es realmente fantástica.


Hace justamente tres meses, en este mismo blog, anunciaba la aparición de la novela, señalando algunos detalles de su concepción y escritura, y aportando tanto el texto de contracubierta como unas palabras extraordinarias de uno de sus lectores, el crítico literario y profesor universitario Jesús Ferrer.

Fotografía hecha para la ocasión con la camiseta de mi 
equipo preferido que me traje de San Francisco esta navidad

martes, 20 de junio de 2017

Entrevista capotiana a Tina Escaja

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Tina Escaja.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Difícil pregunta a mi nomádica persona. Acaso Nueva York, donde se concentran muchos lugares, y así puedo mantener mi cadencia aleatoria.
¿Prefiere los animales a la gente?
Los animales son gente y al revés, ¿no? Yo tuve gatos, callejeros todos, de niña, y mantenía yo esa ambigüedad entre el dolor y el hechizo cuando decidían hundirme sus uñas para acomodarse en mi cama. Alto precio. La gente es buena, a veces, también, y sirven similar objetivo. Según el momento y día, se entiende.
¿Es usted cruel?
Depende.
¿Tiene muchos amigos?
Sí, creo yo, pero soy algo misántropa. Me inquieta salir de mí.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
El cariño.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No, pero lo dicho, mi amistad se mantiene en una esfera grata pero externa.
¿Es usted una persona sincera? 
Por lo general, creo que sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Yo vivo atada a los ejercicios varios de mi tiempo y pasiones. No sabría responder.
¿Qué le da más miedo?
La institucionalización de la misoginia. Me aterroriza por su posibilidad y, de hecho, su ejercicio. Y lo que implica, claro, de consentimiento.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La arrogancia de los que ejercen el poder, y su indiferencia ante la crueldad que ejercen, muchas veces, sin consciencia de tal.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Yo estaba destinada, parece, a vender productos varios en un mercado catalán. Pocas opciones más o ninguna. Pero me habría resistido igual. Habría ejercido de escritora impostora, imagino, o seguro.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
No. pero bailo, aunque menos de lo que me gustaría.
¿Sabe cocinar?
Sí.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A alguna de las muchas desconocidas líderes en las ciencias, en el arte, en la política. Tendría que indagar más.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Saudade.
¿Y la más peligrosa?
Freedom.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No. Pero hay energúmenos cuya presencia pone en peligro la vida y dignidad de muchos. Aplaudiría al osado u osada que nos hiciera el favor…
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
De lo que llaman “de izquierdas,”  pero me inquietan las etiquetas.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Puercoespín. Soy solitaria por principio, pero vulnerable. Necesito defensas.
¿Cuáles son sus vicios principales?
No conozco la diferencia entre vicios y virtudes. Trabajar, escribir, inventar cosas.
¿Y sus virtudes?
Ah, vale. No vi esta pregunta. Véase lo anterior.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mis hijas en todo ese proceso de nacer, crecer, sorprenderse, amar, felices, tristes, esperanzadas, perplejas, expectantes, todo.

T. M.

lunes, 19 de junio de 2017

La mezquindad burguesa


Hace exactamente un año, aparecía la espléndida antología «Lluvia y otros cuentos», de Somerset Maugham, que fue una gran ocasión de recuperar las tramas hondas y entretenidas de un escritor que, como en su relato más célebre asomado en el título, era capaz de transmitir al lector el asfixiante calor samoano en torno a una mujer de vida licenciosa y un misionero intransigente. Ahora, con traducción de Jordi Fibla, se añade a aquel volumen tan recomendable uno que no lo es tanto pese a tener textos de notable valor, “El impulso creativo y otros cuentos”, que indaga en ambientes sobre todo burgueses, incluso desde enfoques demasiado anecdóticos, para perfilar gentes acomodadas con sus vanidades y mezquindades.

Reuniones de la alta sociedad inglesa, amantes que obligan a una doble vida durante décadas, políticos de grandes ambiciones y ausencia de sentimientos… Toda una clase social determinada se refleja en cuentos como “Lord Mountdrago”, en el que un doctor recibe una visita ilustre que arrastra malos remordimientos, o “Las tres gordas de Antibes”, acerca de mujeres obsesionadas con adelgazar que viven en su microcosmos frívolo centrado en jugar al bridge. 

En todas las historias Maugham despliega las virtudes que ya destacamos hace un año –el diálogo fluido, el estudio psicológico de los personajes–, pero ahora encontramos relatos donde la síntesis narrativa no acaba de lograrse, se abusa de lo descriptivo y hay algún que otro final decepcionante, como en “La voz de la tórtola”, sobre una insoportable “prima donna”.

Tal vez lo más destacable del libro se hallará en el ambiente exótico que tanto frecuentó el autor de “Servidumbre humana”, pues no en vano su vida estuvo marcada por el cosmopolitismo tanto en Europa (de Londres a Alemania, de Sevilla a Grecia) como Estados Unidos, y sobre todo el sureste asiático y el Pacífico. Así pues, en el cuento al que me refiero sí que se desarrolla la debida tensión narrativa que se echa en falta en otros: “Pecios”, sobre una extraña pareja que acoge a un hombre que sufre malaria en Borneo y que esconde un sórdido y violento suceso detrás.
Publicado en La Razón, 8-VI-2017

domingo, 18 de junio de 2017

Entrevista capotiana a Gonzalo Gragera

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Gonzalo Gragera.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
En un bar, con un ramillete de autores clásicos: una combinación ideal para huir de donde no puedes escapar. En mi ciudad, Sevilla, hay algunos fantásticos. Bares y autores clásicos, claro.
¿Prefiere los animales a la gente?
Depende del contexto. En el ocio, por ejemplo, me gusta la gente que es un poco animal. Un leve toque irracional, para según qué cosas, siempre es agradable.
¿Es usted cruel?
Conmigo, mucho.
¿Tiene muchos amigos?
Los justos para ir tirando.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que no se parezcan a mí.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Cuando era más joven, es probable. Pero llega un punto en el que quien más te decepciona tiene tu nombre. El mío, digo. Y ahí empieza una cuesta arriba que no tiene, aún, un fin claro.
¿Es usted una persona sincera? 
Hay ocasiones en las que interviene la educación y la civilización, y hay que medir. Pero bueno, al menos procuro que así sea.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Desde hace un tiempo, no sé si disfruto de eso. No es raro que esté, no sé, en una reunión de amigos o dando un paseo o en el cine y esté pensando en cómo abordar el siguiente artículo, en si las palabras de esa reseña eran las adecuadas, en si el tono de este poema admite mejoras, en si la entrevista a tal autor me saldrá como merece… Esas impertinencias de la conciencia.
¿Qué le da más miedo?
Las cartas certificadas.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Suelo ser bastante escéptico. Así, de entrada, poca cosa.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Mi padre siempre quiso verme de juez o de notario. O que hiciera unas oposiciones de esas que, dicen, te resuelven la vida. Y aquí estamos. Así que prefiero preguntarme qué voy a hacer ahora que me ha dado por llevar una vida creativa. Eso sí que es un tema.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Sudar no es propio de un caballero.
¿Sabe cocinar?
Los vasos de agua no se me dan mal.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Uf. No sé, cualquier Papa del Renacimiento y la Contrarreforma, pintor europeo del barroco, político demócrata de la Segunda Guerra Mundial… Tendría unos cuantos.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Sí.
¿Y la más peligrosa?
Sí.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
En absoluto. Con no prestar atención, tengo suficiente.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Derechos fundamentales y libertades públicas, economía social de mercado, independencia de medios y jueces y magistrados, pluralismo y constitución. Lo que, a pesar de los apocalípticos y los escandalizados de la polémica tuitera, disfrutamos.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Un buen libro.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Esa pregunta tiene un precio. 
¿Y sus virtudes?
Que voy sobreviviendo.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
El día en que no me enseñaron a nadar. Qué buena metáfora, por otra parte.

T. M.

viernes, 16 de junio de 2017

"El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau" en el blog de Antonio Rivero Taravillo


(Mural con el rostro de Nathaniel Hawthorne en su casa de Salem, Massachusetts, donde se aprecia el buen porte del mismo hombre que, como explico en el libro, criticó la fealdad de H. D. Thoreau y Margaret Fuller.)

En su blog Fuego con nieve, mi admirado y querido Antonio Rivero Taravillo comenta de manera fabulosa El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau (editorial Ariel). Me ha hecho especial ilusión que destacara un fragmento de la "Presentación" en que condenso el mensaje ético, no exento de pragmatismo, del biografiado.

jueves, 15 de junio de 2017

Entrevista capotiana a Agustín Martínez

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Agustín Martínez.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
En mi chica.
¿Prefiere los animales a la gente?
Prefiero algunos animales a cierta gente.
¿Es usted cruel?
No lo pretendo.
¿Tiene muchos amigos?
Pocos amigos o una familia numerosa.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Ninguna. La amistad no creo que sea un casting.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Si lo hicieran, no serían mis amigos.
¿Es usted una persona sincera? 
A ratos, como todos.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Familia, libros, cine, televisión, dibujo, música… tengo demasiadas aficiones y poco tiempo libre.
¿Qué le da más miedo?
Tal vez la madre de todos los miedos, la muerte.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Ciertas maneras de pensar.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Intentar llevar una vida creativa.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Practico el propósito de practicar algún ejercicio físico.
¿Sabe cocinar?
No, aunque cocino diariamente.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A alguien olvidado o, incluso, a alguien inventado.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Amor, en cualquier idioma.
¿Y la más peligrosa?
Purgar.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sólo a personas que no existían.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Aún busco unas tendencias con las que identificarme. Si existen, están a la izquierda.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Un músico o el mar.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El tabaco. Dormir. Escribir.
¿Y sus virtudes?
Si las tengo, creo que son otros quienes tienen que decirlas.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Un peto de Calimero que tenía de niño. La playa, fotogramas de algunas películas y todas esas historias que ya no podría terminar. Pero, sobre todo, los rostros de la gente que he amado.

T. M.

miércoles, 14 de junio de 2017

Entrevista en Prisa Radio, programa Los Búfalos Nocturnos, por "El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau"

(Matrícula de coche fotografiada en el aparcamiento del restaurante Piatti, en Mill Valley, California. Thoreau habla del arte de vivir, como ya se apunta incluso en la contracubierta de mi libro.)

Los Búfalos Nocturnos es, como se dice en su web, "un podcast cultural sin fecha de caducidad. Hablamos de música, teatro, literatura, series, cine, pintura, danza... Un programa de Podium en colaboración con Babelia y la sección de Cultura de EL PAÍS". Pues bien, desde el pasado día 7 ya está disponible el que titularon "La vida según David Henry Thoreau". Está hecho a partir de citas de la obra del escritor y las intervenciones del trío al que entrevistaron previamente: Rubén Hernández, editor de Errata Naturae, Antonio Casado da Rocha, autor de Una casa en Walden. Sobre Thoreau y cultura contemporánea, y yo mismo, por El triunfo de los principios, cómo vivir con Thoreau.

martes, 13 de junio de 2017

Entrevista capotiana a Bernardo Carrión

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Bernardo Carrión.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
El planeta Tierra. No puedo pensar en recluirme en un lugar reducido por el resto de mi vida.
¿Prefiere los animales a la gente?
Solo para alimentarme. De pequeño sentía una mayor atracción hacia ellos que ahora, y tuve un perro durante doce años al que adoraba a pesar de que era un poco gruñón. Hay mucha gente que mantiene vínculos especiales con un animal, el hombre tiene una relación ancestral con ellos. Son seres maravillosos, capaces de complementar una existencia humana.
¿Es usted cruel?
En absoluto. No me gusta hacer daño a nadie.
¿Tiene muchos amigos?
Las relaciones de amistad se pueden comparar con una diana de tiro con arco. En el núcleo más cercano caben pocos, pero son lo máximo. Y a medida que te vas alejando del centro, los círculos tienen más capacidad pero menos cercanía. En mi caso, estoy contento con la proporción de amigos en cada círculo de la diana. He disfrutado mucho con mis amigos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Los acepto como son, todos tenemos defectos. Odio juzgar y que me juzguen, me gusta sentir la química con personas afines, valoro el sentido del humor, el respeto y la empatía.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Todos hemos tenido decepciones con amigos. Has de aprender de cada una de ellas  y mejorar la capacidad para detectar a las personas que merecen la pena. En mi caso, y doy gracias, no suelen decepcionarme. También he aprendido a no esperar nada: eso concede más valor a lo que recibes y evita frustraciones.
¿Es usted una persona sincera?
Intento serlo, no me gusta ocultar la verdad, de hecho me cuesta hacerlo. Hay que aprender a mentir, algo inevitable en nuestras convenciones sociales, pero también a seleccionar las ocasiones en que mientes.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
¿Qué es eso? Últimamente no dispongo apenas de tiempo libre. Pero cuando lo tengo, disfruto con mi familia, con el deporte, la lectura, los amigos, el cine… Hace cuatro años decidí invertir la mayor parte de mi tiempo libre en escribir una novela y aquí estoy aún, respondiendo  una ‘capotiana’. Yo me lo he buscado.
¿Qué le da más miedo?
Sin duda, perder a uno de mis hijos.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
No soy de escandalizarme, prefiero quedarme en la indignación. El ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. Quizás, lo que más me solivianta es la muerte de inocentes, sea en un atentado terrorista, en una guerra, en el fondo del Mediterráneo, en un atropello, por violencia de género… La vida es nuestro bien más valioso.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Podría apuntarme a unas cuantas de las que cita Sabina en la La del pirata cojo. Pero si me dan a elegir, una que me hiciera viajar.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Desde pequeño. Siempre me ha gustado el deporte. He jugado al fútbol de todos los tamaños, al tenis, al golf, he hecho judo, natación, bicicleta y últimamente me he reenganchado al frontón. He intentado recuperar la natación e ir al gimnasio, pero los deportes sin componente de juego me producen tedio.
¿Sabe cocinar?
Me gusta cocinar y lo hago casi a diario. Antes tenía más tiempo y preparaba platos más elaborados, algo que últimamente no puedo hacer porque me he dedicado a escribir una novela.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Ignatius J. Reilly.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
¿Paz?
¿Y la más peligrosa?
Codicia.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Las que priorizan un reparto más justo de la riqueza.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Músico, quizás porque nunca he tocado un instrumento.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Son muy banales, sería aburrido de contar.
¿Y sus virtudes?
Eso han de decirlo los demás.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Vaya usted a saber, solo espero que cuando llegue el momento no se me aparezcan los papeles del trimestre.

T. M.