viernes, 3 de marzo de 2017

Entrevista capotiana a Máximo Hernández

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Máximo Hernández.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi hogar.
¿Prefiere los animales a la gente?
No
¿Es usted cruel?
Supongo que todos lo somos alguna vez, incluso sin darnos cuenta.
¿Tiene muchos amigos?
No. Supongo que solo los merecidos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Las que yo no tengo, que son muchas. Pero no las encuentro fácilmente.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Solo cuando se empeñan en no mostrar las cualidades de las que yo carezco.
¿Es usted una persona sincera? 
Casi siempre. Aunque a veces, pocas, por no hacer daño prefiero el silencio.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Leyendo, escribiendo, escuchando música (preferiblemente de entre 1955 y 1975), viendo una buena película (preferiblemente de antes de los 60).
¿Qué le da más miedo?
Socialmente, los fanatismos. Individualmente, la enfermedad invalidante.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Ya soy muy mayor para que nada me escandalice, pero cabrearme, me cabrean la gran mayoría de políticos actuales.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Vivir: es decir leer, escuchar música, disfrutar del buen cine…
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
No. Bueno, pasear tranquilo con mi mujer, si es que eso entra en la categoría de ejercicio físico.
¿Sabe cocinar?
No.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Edmundo Dantes.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Tantas y tan usadas que han llegado a no significar nada: libertad, igualdad (la de fraternidad ya ni la considero, esa se ha perdido totalmente).
¿Y la más peligrosa?
Las palabras solo son peligrosas según con quien se junten. Por ejemplo: yo y creo, cuando se juntan, suelen entrañar mucho peligro.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí, pero me he contenido.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Un amigo me decía hace poco que soy una especie de patriota humanista. Quiero encontrarme a gusto en esa definición.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Acabo de pasar a ese estado: jubilado.
¿Cuáles son sus vicios principales?
Los vicios solo son vicios si se confiesan.
¿Y sus virtudes?
Para esto siempre es mejor aplicarse aquello de “dime de qué presumes…”
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Supongo que una botella de oxígeno. Después, cuando viera que no había solución, las de todo el mundo: mujer, hijas, padres, hermanos, en fin eso tan denostado últimamente pero a lo que todos nos aferramos, la familia.

T. M.